Por unos
cuantos segundos, casi toda mi vida se despliega en mi mente. La rutina, la
disciplina, el recato, las reglas… el vacío. Todo eso era tan normal en mi día
a día que no me había dado cuenta de lo vacíos que estábamos todos. Todas las
facciones tienen sus propios valores, sus costumbres, sus rutinas, sus reglas;
pero al fin y al cabo, para mí todas están equivocadas. No nos enseñan el poder
de la espontaneidad. Y nos enseñan que ser diferentes es malo, como lo somos
los Divergentes.
Sonrío por un momento antes de que mi cuerpo
se vea abrazado de repente por algo
duro, el golpe hace que me desconecte de ese flashback y reaccione a mis
instintos, muevo mis brazos para tratar de aferrarme a algo y no caer, mis
manos aferran una cuerda, luego otra y dejo de rebotar un poco. Una Red. Luego
se oyen gritos y unos brazos firmes se acercan a mí y me aferran para sacarme
de ahí, dejo de moverme y por un momento siento que todo esto valió la pena.
—Cuatro… —susurro con una voz quebrada. Después
de tantos meses de no haberlo visto, es increíble sentir sus manos otra vez. Él
con una expresión seria, me baja de la red y yo aprovecho el momento para abrazarlo
por los hombros, pero para mi sorpresa, el contacto sólo dura unos instantes. Al
momento de verlo de nuevo, siento que algo malo había pasado. No era el mismo.
—¿Cuál es tu nombre iniciada?
—¿Disculpa? —lo miro confundida. Quizá un poco
dolida.
—¿Estás sorda? Te pregunté cuál es tu nombre.
Si no quieres usar el de tu antigua Facción puedes tener uno nuevo, pero elije rápido,
no tenemos tu tiempo.
Está haciendo como que no me conoce, me lo
había advertido alguna vez; que sí afuera de nuestro lugar de entrenamiento nos
encontrábamos, no debíamos actuar como si fuéramos conocidos, pero jamás creí
que podría ser tan frío. Casi le creo. Pienso por un momento mi nombre, no, no
quería tener el mismo que me identificaba con aquella Facción en la que viví
tanto tiempo atrapada entre libros, secretos e hipocresías. ¿Pero cuál podría
ser? Recuerdo al instante que en algún momento Cuatro me había llamado de una
manera distinta, tratando de burlarse de mí nombre, él me puso un apodo, seguro
se acordaría de eso.
—Jane, así
me llamo.
En ésta
ocasión su semblante cambia un momento con una especie de sonrisa. Lo recuerda.
Se voltea hacia la multitud detrás de nosotros y grita:
—¡Segunda
saltadora, Jane!
Yo sonrío y
sin poder controlar mi impulso, aprieto su brazo antes de seguir adelante para
reunirme con los demás. Me pongo a un lado de la estirada para matar el tiempo
mientras todos caen uno por uno. Me percato de que no le quita la mirada a
Cuatro y cuándo él voltea, no sé si me mira a mí o a ella. Y eso me enfurece.
—Parece que
lo estirada ya se te quitó, ¿no es así, Beatrice? —Pronuncio su nombre como si
fuese un insulto.
—Ahora soy
Tris —voltea a verme con esa cara suya de fastidio—. Y deja de llamarme
estirada.
—Lindo
nombre, Tris —escupo con sarcasmo.
Cuando
todos terminan de saltar, nos llevan hacia un túnel que ya conozco bien. A
excepción de mi, todos los transferidos tienen problemas para avanzar. Llegamos
a una bifurcación del camino y nos separan; Lauren, una chica de Osadía, se lleva
a los nacidos en Osadía y Cuatro nos dirige a los transferidos hacia nuestra
habitación, ya que era compartida. Nos explica cómo será nuestro día y nos
indica que hay ropa negra para cambiarnos en las camas que serán nuestro nuevo
hogar. Cada quien toma una cama y comenzamos a cambiarnos, a unos les cuesta
más trabajo que a otros, ya que no tenemos privacidad.
—Eso es
estirada, muéstranos algo de piel... O mejor no. —Dice alguien con un tono
sarcástico. Me volteo para ver de quien viene el comentario y lo veo por
primera vez. Es un chico alto, blanco y con el pelo castaño oscuro. Su sonrisa
se tuerce distorsionando su expresión y le da un aspecto maligno. Pienso que
debo ser cautelosa con él. Es un chico verdad, ellos suelen tener un aura
arrogante, pero él tiene algo más que revela que no tiene escrúpulos.
—Creí que
eras de Verdad, no un Sin Facción. No seas bruto, ella no tiene nada
interesante que mostrar, así que sólo ignórala —comento tratando de sonar
aburrida. Ella podrá no caerme bien, pero no permitiría que ese idiota se crea
el rey de los iniciados con sus bromas sólo por tener unos tontos
guardaespaldas, bueno, ni tan tontos, porque venían de Erudición. Un fastidio.
El muy
imbécil demuestra que no tiene más que una bocaza porque se ríe asintiendo y
sus nuevos amigos hacen lo mismo. Yo entorno los ojos y termino de cambiarme,
escondiendo muy bien la bolsa con libros bajo el colchón de mi cama. La
ceremonia de bienvenida es una brutal sorpresa. Como ritual, queman nuestra
ropa vieja junto con las pocas pertenencias que llevan algunos, en una hoguera
a la entrada del Pozo. Después de eso comenzamos a buscar un lugar para
sentarnos a cenar, pero me quedo parada e intento buscar a Cuatro con la mirada
rápidamente para tratar de hablar, sin embargo cuándo logro dar con él está a
un lado de esa estirada; esto ya empieza a volverse personal entre ella y yo. Están
hablando de algo y veo como le pasa la salsa cátsup y roza su mano al entregársela,
ella desvía la mirada algo apenada y entonces yo rechino los dientes. Busco un
lugar vacio y me siento a un lado de los iniciados nacidos en Osadía que venían
en el mismo vagón que yo.
—¿Y tú
eres...? —Me pregunta sorprendido un chico moreno. El mismo que hablaba de la
iniciación en el tren.
—Jane.
—Uh, lindo
nombre —me estira el brazo para saludarme—. Yo soy Uriah. —Me lanza una
sonrisa.
—Hola Uriah
—estrecho su mano por un momento y la suelto, para mirar a los demás que nos
prestan atención.
—Ah sí,
también te presento a Lynn y a Marlene, también son iniciadas —ellas asienten
hacia mí y vuelven a su plática—. ¿Por qué no estás con los demás transferidos?
—Digamos
que —miro de reojo hacia la mesa donde está Cuatro—, no quiero relacionarme con
ciertas personas. ¿Te molesta si me quedo aquí para comer?
—No, para
nada.
Comenzamos
a comer hablando de cualquier cosa. Él es un chico muy curioso y me pregunta
muchas cosas sobre mi Facción. Minutos después, un chico se acerca a Uriah y le
palmea la espalda en un saludo, se inclina para susurrarle algo que no puedo
oír, se retira agradeciendo y se dirige a donde está Cuatro haciéndole señas
para que le siga. Me levanto diciendo a los demás que voy a buscar más comida,
pero lo sigo con cuidado, hasta que se meten en la sala de control. Espero afuera
escondida hasta que el otro chico sale, aunque Cuatro permanece adentro, así
que aprovecho para poder hablar con él, pues no sé cuándo volveré a tener una
oportunidad como esta de hablar solos.
Sin tocar,
entro al lugar que yo misma había diseñado junto con Cuatro, lo conozco
perfectamente, así que cuando entro y no lo veo a primera vista, supongo que está vigilando las cámaras en la
habitación continua. Se la pasaba haciendo eso desde que se enteró de los
planes que los líderes de Osadía tienen con los de Erudición. Me acerco
despacio a la puerta que da a esa pequeña habitación, abro con sigilo pero al
instante me habla con voz cálida.
—Te
tardaste en venir, creí que vendrías en cuanto los dejé en su habitación.
—Se supone
que la cosa es no levantar sospechas —respondí sentándome a un lado, mirando
también las pantallas que estaban transmitiendo las grabaciones de las cámaras
de seguridad de todo el complejo de Osadía.
—¿Por qué
estás aquí? —susurra.
—Te seguí
cuando te venías con aquel…
—¡Sabes a
que me refiero! —Se gira bruscamente hacia mí y yo me encojo ante su reacción.
—Yo…
—suspiro y volteo a verlo, al momento que conecto con su mirada me estremezco—.
Yo... Tenía que venir. Quería verte de nuevo y esta era la única forma.
—No hablamos
de esto nunca. Es por eso que nos despedimos la última vez —se cruza de brazos
y me dirige una mirada gélida—. Sabes lo que se viene y es peligroso que estés
aquí. ¿No pensaste en ello?
Asiento, me
está haciendo sentir mal por la decisión que tomé y eso me enfurece aún más.
—Es igual
de peligroso que tú estés aquí, pero si estamos juntos, quizá podamos hacer
algo para evitar lo que se viene.
—No
podremos evitarlo, sea lo que sea, ya está casi listo. Por eso dejaron de
enviar equipos. Ya sólo envían los sueros y una que otra cosa. Esto va a
estallar muy pronto y no quiero que estés aquí. —Cuatro se levanta de la silla
y camina por la habitación de monitoreo, se detiene en la pared a un lado de la
puerta.
—¿Te
preocupas realmente por mi o es que no quieres hacer nada para detenerlos?
—respondo de manera amarga, con la voz algo débil.
—¿Cómo te
atreves a pensar en eso? No sabemos de qué son capaces, pero si lo que están
planeando necesita de la fuerza de los Osados, no será nada bueno.
—Lo siento
—respiro profundamente y bajo la mirada al suelo—. No te dije nada porque sabía
que te negarías, pero al final fue mi elección venir aquí. No fue por ti. Yo ya
no me sentía bien estando en Erudición, ya no era mi hogar.
—Mentirosa
—me acusa.
Se recarga
en la pared, siento su mirada en mí porque es muy penetrante. Guardamos
silencio por unos segundos y cuando me atrevo a levantar la cara, él cierra los
ojos y suspira con resignación.
—Espero que
te prepares, porque la iniciación no es nada en comparación con lo que yo te
enseñé. Este año parece que los líderes quieren crear soldados, más no Osados.
El entrenamiento será duro y Eric se encargará de ello, te lo aseguro.
—Gracias,
sé cuidarme bien. Yo… debo irme ya. El día fue muy cansado, sólo quería venir a
aclarar las cosas contigo —me levanto despacio y camino hacia la puerta. Cuando
estoy a su lado le miro—. Me alegra verte de nuevo.
—A mi
también. —pone su mano en mi brazo y me acerca hacia sí para abrazarme, como sólo
él sabe hacerlo—. Cuídate mucho por favor, no es fácil para alguien como
nosotros estar aquí y fingir todo el tiempo —susurra sobre mi oído,
provocándome un estremecimiento.
Cuando me
suelta, le sonrío y salgo de ese lugar, él viene detrás de mí. Antes de llegar al
Pozo me desvío para irme a la cama y Cuatro se gira para entrar de nuevo al
centro, pero unos segundos después me detuve y regreso al recordar que había
olvidado decirle algo. Cuando llego a la entrada, me pongo a buscarlo con la
mirada, estaba sentado en la mesa de Uriah y los otros chicos, pero con la
mirada fija en algo. Sigo el camino de su mirada y descubro que ve hacia donde
está Tris, ella no se da cuenta al momento, pero después de un rato voltea a
verlo y ambos desvían sus miradas. Él se fija en su plato con una expresión
confundida y ella observa hacia el piso sonrojada.
Sorprendida
por la incomodidad que eso me provoca me doy la vuelta nuevamente y me encamino
hacia las habitaciones. Me quito la ropa y me meto a la cama para taparme
completamente. No puedo permitir que Cuatro se fije en ella, o en alguien más,
ahora sólo es mi amigo, pero aún le quiero y sé que él a mí. No terminamos de
la mejor manera la última vez que nos vimos antes de hoy; y esa maldita estirada
iba a complicar más nuestros problemas entrometiéndose, algo muy en el fondo me
lo decía. Inofensiva o no, ella no permanecerá aquí porque de eso me voy a
encargar yo.

Muy buenas historias, seguiré esperando la continuacion
ResponderBorrarGracias, voy a tratar de públicar uno por mes, quizá hasta dos, pero me es un poco imposible.
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