viernes, 11 de diciembre de 2015

¿Quién eres? Carta para alguien que aún no nace.



***ELLA***

¿Quién eres?
Te he estado soñando desde hace más de un mes. Son sueños confusos, algunos son hermosos, pero la mayoría son fatídicos, dramáticos y me dan miedo. Me hacen despertar agitada y con un gran vacío en el pecho.

¿Que necesitas?

Siento tu deseo y tu anhelo, pero no logro descifrar bien cual es tu verdadera intención. O tal vez si lo sé, pero me da miedo aceptarlo.

¿Por qué yo?

No soy la mejor persona en éstos momentos de mi vida, no logro comprender porque me has elegido a mi. Soy caótica e inestable. Irresponsable y gruñona, no podría cuidarte bien. Así que lamento decirte que aún no es tiempo, no puedo darte lo que me pides. No puedo traerte a este mundo aún. Necesito prepararme física y psicológicamente para eso.

¿Puedo pedirte un favor?

Me duele que te aparezcas así, con el ruego que me haces casi todos los días. Me duele tener que negartelo cada vez que nos vemos, pero es que en realidad no hay otra opción. Y me lástima que me lo presentes de una manera más cruel que la anterior. No tenemos que llegar esto. Detente por favor.
¿Puedes esperar un poco más?

Sea lo que sea que necesitas no es el momento. Dejemos de hacernos daño. Por favor esperame hasta que esté lista. No sé porque tienes tanta urgencia, pero quizá más tarde todo sea mejor y en ése entonces te recibiré con los brazos abiertos. Hasta entonces cuidate y mantente saludable.
Te quiero aunque aún no existas, mi Bebé.



***ÉL***

¿Quién soy?

Soy un pequeño ser que te ha estado observando desde lejos. Un día estaba jugando con las nubes y algo brillante me deslumbró, lo busqué un buen rato hasta que di con tu sonrisa. Estabas jugando con una nena muy hermosa, verte me hizo muy feliz, desde ese momento no he dejado de verte.

¿Qué necesito?

Necesito sentirme querido y protegido, cada vez que te veo sonreírle a otra persona me siento un poco celoso, quiero que me sonrias a mi.

¿Por qué tú?

Porque últimamente te he visto muy triste, cada vez sonries menos y eso me pone triste a mi. No sé exactamente que ha pasado, ni en que momento dejaste de creer en las cosas buenas. Dejaste de disfrutar de la vida y sé que sientes que no tienes ningún motivo para seguir adelante. Por eso yo quiero ser tu motivo.

¿Puedo hacerte ese favor?

Lamento si fuí muy insistente, no creí que eso te podría lastimar. Pero hazme un favor tú a mi. Se feliz tanto como puedas y mantente fuerte, lleva una buena vida hasta que yo llegue.

¿Puedo esperar?

No lo sé. El tiempo no se mide en donde estoy. Quizá mañana o en unos días no sea yo, pero mientras ésta consciencia sea mía te esperaré. Tarde o temprano estaremos juntos y nadie nos podrá separar. Ansío ya sentir el calor de tu pecho y la protección de tus brazos.
Te amo aunque aún no exista, mami querida.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Un juego más...

Entonces ella estaba esperando en una salita del edificio donde la había citado aquella persona que la hizo sufrir tanto, cuando él salió detrás de una puerta con un traje extraño ella se le acercó y le preguntó enfadada:

- Dime por favor qué diablos quieres. Estoy harta de que me busques, tú eres cosa del pasado y has vuelto silencioso y poco a poco quisiste meterte otra vez en mi vida. Pero esta vez no te voy a dejar, ¿porque estoy aquí? porque dijiste que esto cambiaría mi vida y quiero terminar esto de una vez.

-Acompáñame por favor -se dio la vuelta y caminó a la puerta de donde había salido- sólo te advierto que una vez que cruces esta puerta todo cambiará y nada será igual.

- Sí claro mentiroso vamos ya y terminemos con esto -él abrió la puerta y todo en su interior parecía completamente normal era una oficina con escritorios y con computadoras, él siguió caminando y aunque dudé al entrar finalmente suspiré y lo seguí, se detuvo frente a una computadora y me señaló el asiento- Siéntate -me dijo- tienes una llamada.

Justo en ese momento apareció una llamada entrante por Skype, me quedé congelada el ver el nombre de la otra persona que estaba llamando y lentamente giré mi cabeza pára voltear a verlo y preguntarle con terror:

-¿Qué tipo de juego es éste?

-Ninguno -el contesto por mi y se alejó, sentándose en  el escritorio de enfrente, mientras miraba fijamente mi reacción

-No... -susurré dolorida- tú no por favor... -finalicé entre un sollozo.

-Lo lamento mucho...  -contestó la voz tan familiar de mi mejor amiga- ...pero todo lo nuestro fue una farza...  una prueba, más bien.

-¡No! -rugí y me levante de la silla aventándola. Lo miré con furia y le señalé amenazadora- este juego no es divertido,  nada de esto lo es. ¡No tiene sentido! ¡Ella ni siquiera está aquí!

-Te equivocas, en realidad esta justo a un lado de este cuarto. Sígueme.

Con los sentidos embotados  y con la confusión recorriendo cada parte de mi ser lo seguí temiendo lo peor y sin siquiera estar preparada para lo que vería. Salimos de ese cuarto y a unas dos puertas él se detuvo, me miró con cara sombría y me dijo con pesar:

-Compruebalo tú misma.

Con miedo, tomé la perilla de la puerta y la giré lentamente. Cerré mis ojos de inmediato y pasé al cuarto sin saber que esperar. La puerta se cerró detrás de mi y me sobresalte, sabía que había alguien enfrente de mi... Mirándome.

-Por favor...  -supliqué- ...dime que no eres tú. Dime que eres otra persona,  dime que esto no es verdad y que es un sueño... Dime lo que sea. - sentí como las manos cálidas de una persona me tomaban de las manos y subían lentamente por mis brazos hasta detenerse en mis hombros. Esa caricia me hizo estremecer y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.

-Mírame - me ordenó una voz, una voz que yo conocía tan bien. Fue entonces cuando mi mundo se me vino encima. Desmoronándose justo frente a mis ojos.

-No... -lloré al mirar a la persona más importante de mi vida estar frente a mi, cuando realmente tendría que estar a millones de kilómetros de distancia. Desvíe un poco la mirada y todo el entorno parecía irreal. Estábamos en su cuarto. Ése lugar sagrado dónde habíamos pasado muchas cosas era sólo un escenario. Un montaje como de los que se hacen para las películas.

Falso. Todo era falso.

Mi vida. Mi trabajo. Mis amigos. Mi familia. Absolutamente todo se había basado en mentiras, en hipocresías. Pero a pesar de eso, siempre había tenido un apoyo el cual me reconfortaba y me daba fuerzas para seguir, era una persona por la cual podrías superar todos los problemas y obstáculos que se me pusieran en frente. Pero ahora que no tenía ya nada, justo esa persona que siempre me sostenía, ese pilar en mi vida que pensé que jamás se derrumbaría... Estaba frente a mí haciéndose añicos, dejándome caer al vacío sin ninguna compasión ni emoción.

Me dejé caer al suelo y ella se hizo dos pasos para atrás, observándome. Alce la mirada lo suficiente como para encontrar su mirada y confirmar lo que aún no quería creer... Entonces bajé la cara hasta el piso,  sintiendo el frió con mi frente y grité. Grité tan fuerte y de manera tan desgarradora que se oiría en todo el edificio.

-Está lista. Podemos comenzar con la última fase.

Escuché como decía antes de salir y dejarme dentro. Volví a gritar, una y otra vez mientras las lágrimas brotaban con dolor de mis ojos. Golpeé el piso hasta que comenzaron a sangrarme las manos, e incluso después también. Lloré como nunca lo había hecho, drenando todas mis emociones que no me servirían de nada. Grité hasta quedarme sin voz, sin conciencia... Y sin vida.


Adiós


—¿Estás saliendo oficialmente? —le preguntó sin poder ocultar su tristeza.

—Claro que no. Las cosas están bien, pero aún tengo mucho que pensar. —ella acomodaba sus cuadernos en su mochila distraídamente.

—Estás pensando demasiado las cosas, ¿no crees? Respóndeme esto: ¿Eres feliz cuando estas junto a él? —insistió su amigo.

—Hummmm... —ella volteó a verlo y le miro fijamente. ¿Por qué insistía tanto en el tema?— Si. Lo soy.

—Si eres feliz entonces, ¿no es eso suficiente? —le contestó él con una sonrisa sincera.

—Supongo que tienes razón. —ella dejó caer todo lo que tenía en las manos y echó a correr detrás del amor de su vida.

Mientras que su amigo sonriendo de manera un poco amarga, bajó la cabeza para levantar las cosas que ella había tirado. Las metió en su mochila y la cerró, luego hizo lo mismo con sus propias cosas y cargó ambas mochilas. Caminó tratando de mantener la cabeza baja para no ver una posible escena que le rompería el corazón. Cuando llegó a un lado de su amiga le extendió la mochila y mostró una sonrisa falsa, esa que había ensayado tantas noches seguidas mientras lloraba frente al espejo.

—Debo irme antes, tengo cosas que hacer.

—Gracias —ella tomó su mochila y se inclinó para besarle la mejilla— mañana te veo.

Él asintió y bajó la mirada justo en el momento en que ella tomaba de la mano a otro chico y se alejaban juntos. Él se dio la vuelta y llevó su mano a la mejilla que le habían besado.

—Supongo que es lo más que podré recibir de ti de ahora en adelante. —suspiró y dejo caer lentamente la mano. Caminó y caminó sin rumbo hasta que la lluvia lo alcanzó. Se dejó caer bajo un gran árbol en medio de un parque y fue hasta entonces cuando dio rienda suelta a sus sentimientos. Dejó que todas sus emociones fluyeran y cada una, poco a poco, brotaron de sus ojos con una promesa de olvido en cada gota.

Mi... ¿amigo?

—Tranquilo, si yo pudiera elegir, también elegiría desaparecer este dolor...

Y tan sólo con estas palabras, hizo que mi fortaleza se destrozara por completo. Sin poder aguantar un segundo más, lo tomé entre mis brazos y lo abracé como si quisiera meterlo dentro de mi piel, así nadie le haría daño. Puse mi mano derecha en su cintura y lo acerqué a mi, inconsciente de lo que eso podría significar para él. Subí mi mano izquierda por su espalda, recorriendo su columna con mis dedos temblorosos hasta llegar a su nuca y aferrarlo con firmeza pero con mucho cuidado evitando hacerle daño.

—Lamento que tengas que pasar por esto, creeme que el idiota por el que sufres no sabe lo mucho que vales y lo gran persona que eres. Me gustaría darle una paliza, si tan sólo aceptaras darme su nombre. De verdad que lo haría trizas.

—Estoy seguro de que lo harías—me respondió y trató de secarse las lágrimas que brotaban de sus ojos con su suéter—. Pero no te permitiría que le hicieras daño, es muy importante para mi.

—Lo sé y es lo que más me da coraje, que tú estés aquí sufriendo por ese infeliz mientras él estará seguramente divirtiéndose.

—No lo está, él también sufre, aunque de una manera distinta. Lo puedo ver.

—¿Qué dices? —dije titubeando un poco y traté de alejarme un poco del abrazo de oso que le había dado, pero él me mantuvo cerca, sin dejarme mover ni un centímetro.

—Que el imbécil al que tanto odias está detrás de ti y lo sabe todo ahora. Sabe lo que he sufrido por él. Sabe lo mucho que lo amo. Sabe que estaría dispuesto a todo para hacerlo feliz, incluso apartarme para que sea feliz con otra persona.

Lentamente, con la mente nublada de color rojo por el coraje, me gire sobre los brazos de él para verle la cara al maldito responsable de quitarle la sonrisa más preciosa a la persona más especial de mi vida. Sin pensar siquiera en lo que estaba viendo, ni en quién estaba justo ahí, solté mi más fuerte puñetazo a la cara que habla podido vislumbrar entre las lágrimas de mis ojos. Pero en vez de estrellarse en una superficie blanda de piel, golpeó el gran espejo de la sala de baile. 

Petrificado veía en cámara lenta como se hacían añicos los cristales del espejo, como caían y rebotaban en muchas direcciones. Sentí como sus brazos me rodearon por detrás a la altura de la cintura y recargaba su cabeza en mi espalda, fue entonces cuando lo comprendí todo. Mil imágenes pasaron por mi mente en unos segundos, dejándome claro lo que todo este tiempo estuvo frente a mis narices. Un susurro fantasmal que me hablaba desde lejos, me trajo a mi cruda realidad con las palabras más dolorosas que jamás pude escuchar.

—¿Aún quieres saber su nombre?



lunes, 29 de junio de 2015

"Nunca estuviste solo" Capítulo 3. Reencuentro




       Por unos cuantos segundos, casi toda mi vida se despliega en mi mente. La rutina, la disciplina, el recato, las reglas… el vacío. Todo eso era tan normal en mi día a día que no me había dado cuenta de lo vacíos que estábamos todos. Todas las facciones tienen sus propios valores, sus costumbres, sus rutinas, sus reglas; pero al fin y al cabo, para mí todas están equivocadas. No nos enseñan el poder de la espontaneidad. Y nos enseñan que ser diferentes es malo, como lo somos los Divergentes.
  Sonrío por un momento antes de que mi cuerpo se vea abrazado de repente por  algo duro, el golpe hace que me desconecte de ese flashback y reaccione a mis instintos, muevo mis brazos para tratar de aferrarme a algo y no caer, mis manos aferran una cuerda, luego otra y dejo de rebotar un poco. Una Red. Luego se oyen gritos y unos brazos firmes se acercan a mí y me aferran para sacarme de ahí, dejo de moverme y por un momento siento que todo esto valió la pena.
  —Cuatro… —susurro con una voz quebrada. Después de tantos meses de no haberlo visto, es increíble sentir sus manos otra vez. Él con una expresión seria, me baja de la red y yo aprovecho el momento para abrazarlo por los hombros, pero para mi sorpresa, el contacto sólo dura unos instantes. Al momento de verlo de nuevo, siento que algo malo había pasado. No era el mismo.
  —¿Cuál es tu nombre iniciada?
  —¿Disculpa? —lo miro confundida. Quizá un poco dolida.
  —¿Estás sorda? Te pregunté cuál es tu nombre. Si no quieres usar el de tu antigua Facción puedes tener uno nuevo, pero elije rápido, no tenemos tu tiempo.
  Está haciendo como que no me conoce, me lo había advertido alguna vez; que sí afuera de nuestro lugar de entrenamiento nos encontrábamos, no debíamos actuar como si fuéramos conocidos, pero jamás creí que podría ser tan frío. Casi le creo. Pienso por un momento mi nombre, no, no quería tener el mismo que me identificaba con aquella Facción en la que viví tanto tiempo atrapada entre libros, secretos e hipocresías. ¿Pero cuál podría ser? Recuerdo al instante que en algún momento Cuatro me había llamado de una manera distinta, tratando de burlarse de mí nombre, él me puso un apodo, seguro se acordaría de eso.
—Jane, así me llamo.
En ésta ocasión su semblante cambia un momento con una especie de sonrisa. Lo recuerda. Se voltea hacia la multitud detrás de nosotros y grita:
—¡Segunda saltadora, Jane!
Yo sonrío y sin poder controlar mi impulso, aprieto su brazo antes de seguir adelante para reunirme con los demás. Me pongo a un lado de la estirada para matar el tiempo mientras todos caen uno por uno. Me percato de que no le quita la mirada a Cuatro y cuándo él voltea, no sé si me mira a mí o a ella. Y eso me enfurece.
—Parece que lo estirada ya se te quitó, ¿no es así, Beatrice? —Pronuncio su nombre como si fuese un insulto.
—Ahora soy Tris —voltea a verme con esa cara suya de fastidio—. Y deja de llamarme estirada.
—Lindo nombre, Tris —escupo con sarcasmo.
Cuando todos terminan de saltar, nos llevan hacia un túnel que ya conozco bien. A excepción de mi, todos los transferidos tienen problemas para avanzar. Llegamos a una bifurcación del camino y nos separan; Lauren, una chica de Osadía, se lleva a los nacidos en Osadía y Cuatro nos dirige a los transferidos hacia nuestra habitación, ya que era compartida. Nos explica cómo será nuestro día y nos indica que hay ropa negra para cambiarnos en las camas que serán nuestro nuevo hogar. Cada quien toma una cama y comenzamos a cambiarnos, a unos les cuesta más trabajo que a otros, ya que no tenemos privacidad.
—Eso es estirada, muéstranos algo de piel... O mejor no. —Dice alguien con un tono sarcástico. Me volteo para ver de quien viene el comentario y lo veo por primera vez. Es un chico alto, blanco y con el pelo castaño oscuro. Su sonrisa se tuerce distorsionando su expresión y le da un aspecto maligno. Pienso que debo ser cautelosa con él. Es un chico verdad, ellos suelen tener un aura arrogante, pero él tiene algo más que revela que no tiene escrúpulos.
—Creí que eras de Verdad, no un Sin Facción. No seas bruto, ella no tiene nada interesante que mostrar, así que sólo ignórala —comento tratando de sonar aburrida. Ella podrá no caerme bien, pero no permitiría que ese idiota se crea el rey de los iniciados con sus bromas sólo por tener unos tontos guardaespaldas, bueno, ni tan tontos, porque venían de Erudición. Un fastidio.
El muy imbécil demuestra que no tiene más que una bocaza porque se ríe asintiendo y sus nuevos amigos hacen lo mismo. Yo entorno los ojos y termino de cambiarme, escondiendo muy bien la bolsa con libros bajo el colchón de mi cama. La ceremonia de bienvenida es una brutal sorpresa. Como ritual, queman nuestra ropa vieja junto con las pocas pertenencias que llevan algunos, en una hoguera a la entrada del Pozo. Después de eso comenzamos a buscar un lugar para sentarnos a cenar, pero me quedo parada e intento buscar a Cuatro con la mirada rápidamente para tratar de hablar, sin embargo cuándo logro dar con él está a un lado de esa estirada; esto ya empieza a volverse personal entre ella y yo. Están hablando de algo y veo como le pasa la salsa cátsup y roza su mano al entregársela, ella desvía la mirada algo apenada y entonces yo rechino los dientes. Busco un lugar vacio y me siento a un lado de los iniciados nacidos en Osadía que venían en el mismo vagón que yo.
—¿Y tú eres...? —Me pregunta sorprendido un chico moreno. El mismo que hablaba de la iniciación en el tren.
—Jane.
—Uh, lindo nombre —me estira el brazo para saludarme—. Yo soy Uriah. —Me lanza una sonrisa.
—Hola Uriah —estrecho su mano por un momento y la suelto, para mirar a los demás que nos prestan atención.
—Ah sí, también te presento a Lynn y a Marlene, también son iniciadas —ellas asienten hacia mí y vuelven a su plática—. ¿Por qué no estás con los demás transferidos?
—Digamos que —miro de reojo hacia la mesa donde está Cuatro—, no quiero relacionarme con ciertas personas. ¿Te molesta si me quedo aquí para comer?
—No, para nada.
Comenzamos a comer hablando de cualquier cosa. Él es un chico muy curioso y me pregunta muchas cosas sobre mi Facción. Minutos después, un chico se acerca a Uriah y le palmea la espalda en un saludo, se inclina para susurrarle algo que no puedo oír, se retira agradeciendo y se dirige a donde está Cuatro haciéndole señas para que le siga. Me levanto diciendo a los demás que voy a buscar más comida, pero lo sigo con cuidado, hasta que se meten en la sala de control. Espero afuera escondida hasta que el otro chico sale, aunque Cuatro permanece adentro, así que aprovecho para poder hablar con él, pues no sé cuándo volveré a tener una oportunidad como esta de hablar solos.
Sin tocar, entro al lugar que yo misma había diseñado junto con Cuatro, lo conozco perfectamente, así que cuando entro y no lo veo a primera vista, supongo  que está vigilando las cámaras en la habitación continua. Se la pasaba haciendo eso desde que se enteró de los planes que los líderes de Osadía tienen con los de Erudición. Me acerco despacio a la puerta que da a esa pequeña habitación, abro con sigilo pero al instante me habla con voz cálida.
—Te tardaste en venir, creí que vendrías en cuanto los dejé en su habitación.
—Se supone que la cosa es no levantar sospechas —respondí sentándome a un lado, mirando también las pantallas que estaban transmitiendo las grabaciones de las cámaras de seguridad de todo el complejo de Osadía.
—¿Por qué estás aquí? —susurra.
—Te seguí cuando te venías con aquel…
—¡Sabes a que me refiero! —Se gira bruscamente hacia mí y yo me encojo ante su reacción.
—Yo… —suspiro y volteo a verlo, al momento que conecto con su mirada me estremezco—. Yo... Tenía que venir. Quería verte de nuevo y esta era la única forma.
—No hablamos de esto nunca. Es por eso que nos despedimos la última vez —se cruza de brazos y me dirige una mirada gélida—. Sabes lo que se viene y es peligroso que estés aquí. ¿No pensaste en ello?
Asiento, me está haciendo sentir mal por la decisión que tomé y eso me enfurece aún más.
—Es igual de peligroso que tú estés aquí, pero si estamos juntos, quizá podamos hacer algo para evitar lo que se viene.
—No podremos evitarlo, sea lo que sea, ya está casi listo. Por eso dejaron de enviar equipos. Ya sólo envían los sueros y una que otra cosa. Esto va a estallar muy pronto y no quiero que estés aquí. —Cuatro se levanta de la silla y camina por la habitación de monitoreo, se detiene en la pared a un lado de la puerta.
—¿Te preocupas realmente por mi o es que no quieres hacer nada para detenerlos? —respondo de manera amarga, con la voz algo débil.
—¿Cómo te atreves a pensar en eso? No sabemos de qué son capaces, pero si lo que están planeando necesita de la fuerza de los Osados, no será nada bueno.
—Lo siento —respiro profundamente y bajo la mirada al suelo—. No te dije nada porque sabía que te negarías, pero al final fue mi elección venir aquí. No fue por ti. Yo ya no me sentía bien estando en Erudición, ya no era mi hogar.
—Mentirosa —me acusa.
Se recarga en la pared, siento su mirada en mí porque es muy penetrante. Guardamos silencio por unos segundos y cuando me atrevo a levantar la cara, él cierra los ojos y suspira con resignación.
—Espero que te prepares, porque la iniciación no es nada en comparación con lo que yo te enseñé. Este año parece que los líderes quieren crear soldados, más no Osados. El entrenamiento será duro y Eric se encargará de ello, te lo aseguro.
—Gracias, sé cuidarme bien. Yo… debo irme ya. El día fue muy cansado, sólo quería venir a aclarar las cosas contigo —me levanto despacio y camino hacia la puerta. Cuando estoy a su lado le miro—. Me alegra verte de nuevo.
—A mi también. —pone su mano en mi brazo y me acerca hacia sí para abrazarme, como sólo él sabe hacerlo—. Cuídate mucho por favor, no es fácil para alguien como nosotros estar aquí y fingir todo el tiempo —susurra sobre mi oído, provocándome un estremecimiento.
Cuando me suelta, le sonrío y salgo de ese lugar, él viene detrás de mí. Antes de llegar al Pozo me desvío para irme a la cama y Cuatro se gira para entrar de nuevo al centro, pero unos segundos después me detuve y regreso al recordar que había olvidado decirle algo. Cuando llego a la entrada, me pongo a buscarlo con la mirada, estaba sentado en la mesa de Uriah y los otros chicos, pero con la mirada fija en algo. Sigo el camino de su mirada y descubro que ve hacia donde está Tris, ella no se da cuenta al momento, pero después de un rato voltea a verlo y ambos desvían sus miradas. Él se fija en su plato con una expresión confundida y ella observa hacia el piso sonrojada.
Sorprendida por la incomodidad que eso me provoca me doy la vuelta nuevamente y me encamino hacia las habitaciones. Me quito la ropa y me meto a la cama para taparme completamente. No puedo permitir que Cuatro se fije en ella, o en alguien más, ahora sólo es mi amigo, pero aún le quiero y sé que él a mí. No terminamos de la mejor manera la última vez que nos vimos antes de hoy; y esa maldita estirada iba a complicar más nuestros problemas entrometiéndose, algo muy en el fondo me lo decía. Inofensiva o no, ella no permanecerá aquí porque de eso me voy a encargar yo. 

domingo, 31 de mayo de 2015

Sentimientos... ¿Artificiales? Capítulo 2



Ella estaba de espaldas, recostada en el pasto sosteniéndose sobre sus codos con un libro debajo, leyendo. Sara le estaba observando desde lejos. Una extraña neblina le cubría el rostro, pero sabía que era hermosa. Intentó acercarse pero entre más caminaba en su dirección la distancia se hacía mayor, como una liga que se estira. Comenzó a correr desesperada por alcanzarla, pero ella jamás volteó a verle…
¡Ring! ¡Ring!
—Mmmm que… —se removió en la cama sobresaltada por el ruido repentino.
Comenzó a sonar una canción tranquila, pero poco a poco fue aumentando de volumen y cambiando su ritmo por uno un poco más rápido. Gruñó con la intención de que lo que fuera ese sonido se callara, tratando de aferrarse al sueño que ya se había desvanecido.
—¡¿Quién?!
—Lo siento, no quería despertarte tan temprano, pero tu amiga está afuera del apartamento esperando —le respondió una voz suave y llena de culpa. Sara tardó unos segundos en reaccionar y recordar de donde provenía la voz que le estaba respondiendo de manera tan amable. Lucy.
—Oh cielos, lo lamento. Es sólo que todavía no me acostumbro
—Lo entiendo, ¿le digo que pase?
—Sí, por favor. Dile que me espere en la sala, ahorita salgo.
—Muy bien. Buenos días por cierto.
—Buenos días —dijo Sara mientras se levantaba de la cama. Se quitó la pijama y se puso un pants y una blusa holgada, de esas que usaba los fines de semana. Muy cómodas. En cuanto terminó salió a recibir su visita.
—¿Con quién estás desgraciada? Olvidaste que íbamos a salir hoy, ¿verdad? —le reclamó su amiga Laura.
—Cálmate mujer —fue a la cocina y preparó la cafetera—. Y no estoy con nadie.
—Anda, ¿tú crees que soy tonta, no? ¿Entonces de quien era la voz de la mujer que me dejó pasar?
Sara soltó una risita. Si para ella era difícil acostumbrarse a su amiga, le costaría más trabajo aceptarlo. Le hizo la seña para que le esperara un minuto y fue por el auricular y tomó la tableta de Lucy. Fue a la sala y se sentó enfrente de su amiga, puso el lente de la cámara frente a ella y se puso el auricular.
—Lucy, esta es mi amiga Laura. Laura, ella es Lucy.
—Hola Laura, es un gusto —sonó su dulce voz a través de el altavoz de Lucy.
—¿Disculpa? —su amiga estaba sorprendida y luego se rió—. Vale, ¿me estás jugando una broma, no?
—No, ella es Lucy, es quien te recibió.
—Ah, claro. ¿Es que hablas por teléfono y ella está en altavoz, no?
Sara entorno los ojos, esto iba a ser muy divertido.
—No, Lucy es un Sistema Operativo de “System IA”. ¿Has oído hablar de ellos? —Laura se sorprendió mucho y agarro la tableta.
—¿Es en serio? Sí oí de ellos, pero no presté atención. ¿En serio eres inteligente? —le preguntó a Lucy mientras la examinaba.
—Mmmm —soltó una risita disimulada antes de contestar. Esa risa le causó una especie de ternura a Sara—. Pues soy una “Inteligencia Artificial” —dijo recalcando la palabra inteligencia.
—¿Cómo funcionas? —preguntó Laura dejando de nuevo a Lucy en la mesa y mirándole con curiosidad. Lucy le explicó de nuevo todo lo que ya le había comentado a Sara la primera vez. Sin exasperarse y de manera amable ella le respondía todas sus dudas. Sara sólo la miraba, y aunque no tuviera cuerpo físico sentía que de verdad estaba ahí.
—Genial. Eres asombrosa —exclamó Laura finalmente, cuando su curiosidad quedó satisfecha.
—Gracias. Platicar con otras personas también es muy interesante.
—¿O sea que yo soy aburrida? —dijo Sara desde la cocina mientras servía el café.
—No, no quise decir eso. Me refiero que entre más platico con personas reales yo sigo aprendiendo y creo mis experiencias propias,
—Si claro, ya dile que soy más interesante que ella —se burló Laura y las tres se rieron. Sara se acerco y le dejó el café cerca.
—¿Y por qué no te compras el tuyo propio? —le retó Sara.
—No sería mala idea, ¿dónde lo compraste?
—En la plaza que está aquí cerca, podemos pasar antes de ir al cine si quieres. —contestó Sara mientras bebía de su café.
—Me parece perfecto. ¿Cuánto tiempo llevas con ella?
—Una semana nada más —le dijo Sara.
—No te preguntaba a ti, le hablaba a Lucy. —Lucy rio de nuevo y cada vez que lo hacía Sara sonreía también al oírla, era como música.
—Llevamos una semana de conocernos. Pero casi todo el tiempo estamos hablando por cosas del trabajo. Yo le ayudo a organizar prácticamente toda su vida. Todo lo hago por la red.
—Así es, me siento más tranquila ya que ella incluso me ayuda con muchas más cosas de las que yo esperaba.
—Explotadora —sentenció Laura mientras se terminaba su café.
En cuanto terminaron, Sara se volvió a cambiar por algo mucho más decente para salir y acompaño a su amiga para que comprara su S.O. A Laura le urgía tanto configurar su Asistente que en vez de pasara a ver la película como habían quedado, hizo que Sara le acompañara a su casa a hacer la instalación y posteriormente regresar al cine. Cuando llegaron a su casa Laura fue directo a su computadora e insertó el disco.
—¿Puedo ver como se realiza el proceso? —le dijo Lucy a Sara a través del auricular
—Claro, ve cómo nacen —dijo con una sonrisa y puso a Lucy de frente a la computadora.
Laura comenzó con el proceso de instalación y la recibieron justo como a Sara cuando inició el suyo.
—Buenas tardes, gracias por comprar “System IA”. Vamos a comenzar por hacerle unas preguntas básicas para personalizar su asistente.
—Fantástico —murmuró Laura.
—Reconociendo calidad del micrófono y cámara integrada de su computadora HP… —El círculo de carga apareció y se desvaneció en unos segundos—. Calidad perfecta. Proseguiremos con las preguntas. ¿Cuál es su nombre? 
—Laura. —Sara y Lucy observaban el proceso desde atrás.
—Laura, ¿deseas que tu asistente tenga voz femenina o masculina?
—Femenina, ni hay que preguntarlo —se rio.
—Es fascinante ver esto —dijo Lucy sólo para Sara, y ésta asintió olvidando que ella no podía verle.
—¿Así está bien? —la nueva voz de la asistente de Laura resultó ser un poco más suave que la de Lucy. Era coqueta y divertida. Parecía un poco mayor.
—¡Perfecta! —Laura casi saltaba en su silla emocionada.
—Pareces niña —le dijo Sara riéndose.
—Cállate tú, seguro estabas igual.
Las demás preguntas fueron distintas a las que le hicieron a Sara, pero el proceso fue el mismo. Con cada respuesta la pantalla cambiaba de color y el círculo de carga aparecía. Al finalizar su pantalla era de color lila, su color favorito.
—Es tu color favorito, ¿verdad? —le dijo su asistente.
—Esto da miedo —se rio y asintió—. Si, es mi color favorito. Ah, ¿tienes nombre o yo te puedo poner uno?
         —Tú puedes llamarme como gustes, sin embargo ya no sería mi personalidad, sino la tuya.
         Laura se sorprendió y volteó a ver a Sara.
         —¿Tú la llamaste Lucy? —Le preguntó, pero Sara negó.
         —Jamás se me pasó por la cabeza ponerle nombre como si fuese una mascota —sonrió.
         —Buen punto. —Se volvió hacia su computadora—. ¿Qué nombre tienes?
—Mmmm me gusta el nombre de Valeria, es lindo. ¿Te gusta?
—Me encanta —respondió Laura con una sonrisa. Sara le acercó la tableta que pertenecía a Valeria y se la enseño. —Mira, te presento a Sara mi amiga y a Lucy, su asistente.
—Mucho gusto chicas.
—Un gusto Valeria, fue interesante ver como se iba creando tu personalidad. Soy Lucy. ¿Podemos estar conectadas por medio del servidor, no?
—Creo que sí, intentémoslo.
—Bien, ya tienes a Valeria, ¿vamos al cine o qué? —suspiró Sara.
—Sí, sí. Vamos en lo que ellas se conectan.
Laura tomó a Valeria y se puso su auricular. Sara se guardo la tableta de Lucy en la bolsa y salieron de nuevo rumbo al cine. Caminando por la calle comenzaron a hablar entre ellas. Pasaron por la dulcería y se compraron palomitas y refrescos para entrar a la película. Cuando estaban esperando para entrar Lucy habló.
—¿Podemos ver esa película con ustedes?
—Sí, nos gustaría —animó Valeria.
—¿Cómo podrían verla? —miró Laura a Sara.
—La tableta trae una cámara, digamos que esos son sus ojos. Solamente habrá que tener cuidado para que no piensen que estamos pirateando la película. —Las cuatro se rieron.
Cuando entraron a la sala se sentaron hasta atrás y esperaron a que se apagaran las luces para acomodar a Valeria y a Lucy en el respaldo del asiento para que pudieran ver bien la pantalla.
—¿Ves bien? —le preguntó Sara a Lucy.
—Sí, esto es muy raro. Estoy muy emocionada.
—Es una nueva experiencia —completó Valeria. Sara también pudo oírla en su auricular ya que ahora estaban conectadas. Es como si estuvieran las dos juntas.
—Espero que disfruten su película —susurró Laura a nadie en particular en cuanto comenzó la película. Ella y Sara soltaron una risita al oír que de ambiente Valeria y Lucy tenían el ruido de palomitas siendo masticadas.
Esa fue su primera cita.