sábado, 28 de noviembre de 2015

Un juego más...

Entonces ella estaba esperando en una salita del edificio donde la había citado aquella persona que la hizo sufrir tanto, cuando él salió detrás de una puerta con un traje extraño ella se le acercó y le preguntó enfadada:

- Dime por favor qué diablos quieres. Estoy harta de que me busques, tú eres cosa del pasado y has vuelto silencioso y poco a poco quisiste meterte otra vez en mi vida. Pero esta vez no te voy a dejar, ¿porque estoy aquí? porque dijiste que esto cambiaría mi vida y quiero terminar esto de una vez.

-Acompáñame por favor -se dio la vuelta y caminó a la puerta de donde había salido- sólo te advierto que una vez que cruces esta puerta todo cambiará y nada será igual.

- Sí claro mentiroso vamos ya y terminemos con esto -él abrió la puerta y todo en su interior parecía completamente normal era una oficina con escritorios y con computadoras, él siguió caminando y aunque dudé al entrar finalmente suspiré y lo seguí, se detuvo frente a una computadora y me señaló el asiento- Siéntate -me dijo- tienes una llamada.

Justo en ese momento apareció una llamada entrante por Skype, me quedé congelada el ver el nombre de la otra persona que estaba llamando y lentamente giré mi cabeza pára voltear a verlo y preguntarle con terror:

-¿Qué tipo de juego es éste?

-Ninguno -el contesto por mi y se alejó, sentándose en  el escritorio de enfrente, mientras miraba fijamente mi reacción

-No... -susurré dolorida- tú no por favor... -finalicé entre un sollozo.

-Lo lamento mucho...  -contestó la voz tan familiar de mi mejor amiga- ...pero todo lo nuestro fue una farza...  una prueba, más bien.

-¡No! -rugí y me levante de la silla aventándola. Lo miré con furia y le señalé amenazadora- este juego no es divertido,  nada de esto lo es. ¡No tiene sentido! ¡Ella ni siquiera está aquí!

-Te equivocas, en realidad esta justo a un lado de este cuarto. Sígueme.

Con los sentidos embotados  y con la confusión recorriendo cada parte de mi ser lo seguí temiendo lo peor y sin siquiera estar preparada para lo que vería. Salimos de ese cuarto y a unas dos puertas él se detuvo, me miró con cara sombría y me dijo con pesar:

-Compruebalo tú misma.

Con miedo, tomé la perilla de la puerta y la giré lentamente. Cerré mis ojos de inmediato y pasé al cuarto sin saber que esperar. La puerta se cerró detrás de mi y me sobresalte, sabía que había alguien enfrente de mi... Mirándome.

-Por favor...  -supliqué- ...dime que no eres tú. Dime que eres otra persona,  dime que esto no es verdad y que es un sueño... Dime lo que sea. - sentí como las manos cálidas de una persona me tomaban de las manos y subían lentamente por mis brazos hasta detenerse en mis hombros. Esa caricia me hizo estremecer y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.

-Mírame - me ordenó una voz, una voz que yo conocía tan bien. Fue entonces cuando mi mundo se me vino encima. Desmoronándose justo frente a mis ojos.

-No... -lloré al mirar a la persona más importante de mi vida estar frente a mi, cuando realmente tendría que estar a millones de kilómetros de distancia. Desvíe un poco la mirada y todo el entorno parecía irreal. Estábamos en su cuarto. Ése lugar sagrado dónde habíamos pasado muchas cosas era sólo un escenario. Un montaje como de los que se hacen para las películas.

Falso. Todo era falso.

Mi vida. Mi trabajo. Mis amigos. Mi familia. Absolutamente todo se había basado en mentiras, en hipocresías. Pero a pesar de eso, siempre había tenido un apoyo el cual me reconfortaba y me daba fuerzas para seguir, era una persona por la cual podrías superar todos los problemas y obstáculos que se me pusieran en frente. Pero ahora que no tenía ya nada, justo esa persona que siempre me sostenía, ese pilar en mi vida que pensé que jamás se derrumbaría... Estaba frente a mí haciéndose añicos, dejándome caer al vacío sin ninguna compasión ni emoción.

Me dejé caer al suelo y ella se hizo dos pasos para atrás, observándome. Alce la mirada lo suficiente como para encontrar su mirada y confirmar lo que aún no quería creer... Entonces bajé la cara hasta el piso,  sintiendo el frió con mi frente y grité. Grité tan fuerte y de manera tan desgarradora que se oiría en todo el edificio.

-Está lista. Podemos comenzar con la última fase.

Escuché como decía antes de salir y dejarme dentro. Volví a gritar, una y otra vez mientras las lágrimas brotaban con dolor de mis ojos. Golpeé el piso hasta que comenzaron a sangrarme las manos, e incluso después también. Lloré como nunca lo había hecho, drenando todas mis emociones que no me servirían de nada. Grité hasta quedarme sin voz, sin conciencia... Y sin vida.


Adiós


—¿Estás saliendo oficialmente? —le preguntó sin poder ocultar su tristeza.

—Claro que no. Las cosas están bien, pero aún tengo mucho que pensar. —ella acomodaba sus cuadernos en su mochila distraídamente.

—Estás pensando demasiado las cosas, ¿no crees? Respóndeme esto: ¿Eres feliz cuando estas junto a él? —insistió su amigo.

—Hummmm... —ella volteó a verlo y le miro fijamente. ¿Por qué insistía tanto en el tema?— Si. Lo soy.

—Si eres feliz entonces, ¿no es eso suficiente? —le contestó él con una sonrisa sincera.

—Supongo que tienes razón. —ella dejó caer todo lo que tenía en las manos y echó a correr detrás del amor de su vida.

Mientras que su amigo sonriendo de manera un poco amarga, bajó la cabeza para levantar las cosas que ella había tirado. Las metió en su mochila y la cerró, luego hizo lo mismo con sus propias cosas y cargó ambas mochilas. Caminó tratando de mantener la cabeza baja para no ver una posible escena que le rompería el corazón. Cuando llegó a un lado de su amiga le extendió la mochila y mostró una sonrisa falsa, esa que había ensayado tantas noches seguidas mientras lloraba frente al espejo.

—Debo irme antes, tengo cosas que hacer.

—Gracias —ella tomó su mochila y se inclinó para besarle la mejilla— mañana te veo.

Él asintió y bajó la mirada justo en el momento en que ella tomaba de la mano a otro chico y se alejaban juntos. Él se dio la vuelta y llevó su mano a la mejilla que le habían besado.

—Supongo que es lo más que podré recibir de ti de ahora en adelante. —suspiró y dejo caer lentamente la mano. Caminó y caminó sin rumbo hasta que la lluvia lo alcanzó. Se dejó caer bajo un gran árbol en medio de un parque y fue hasta entonces cuando dio rienda suelta a sus sentimientos. Dejó que todas sus emociones fluyeran y cada una, poco a poco, brotaron de sus ojos con una promesa de olvido en cada gota.

Mi... ¿amigo?

—Tranquilo, si yo pudiera elegir, también elegiría desaparecer este dolor...

Y tan sólo con estas palabras, hizo que mi fortaleza se destrozara por completo. Sin poder aguantar un segundo más, lo tomé entre mis brazos y lo abracé como si quisiera meterlo dentro de mi piel, así nadie le haría daño. Puse mi mano derecha en su cintura y lo acerqué a mi, inconsciente de lo que eso podría significar para él. Subí mi mano izquierda por su espalda, recorriendo su columna con mis dedos temblorosos hasta llegar a su nuca y aferrarlo con firmeza pero con mucho cuidado evitando hacerle daño.

—Lamento que tengas que pasar por esto, creeme que el idiota por el que sufres no sabe lo mucho que vales y lo gran persona que eres. Me gustaría darle una paliza, si tan sólo aceptaras darme su nombre. De verdad que lo haría trizas.

—Estoy seguro de que lo harías—me respondió y trató de secarse las lágrimas que brotaban de sus ojos con su suéter—. Pero no te permitiría que le hicieras daño, es muy importante para mi.

—Lo sé y es lo que más me da coraje, que tú estés aquí sufriendo por ese infeliz mientras él estará seguramente divirtiéndose.

—No lo está, él también sufre, aunque de una manera distinta. Lo puedo ver.

—¿Qué dices? —dije titubeando un poco y traté de alejarme un poco del abrazo de oso que le había dado, pero él me mantuvo cerca, sin dejarme mover ni un centímetro.

—Que el imbécil al que tanto odias está detrás de ti y lo sabe todo ahora. Sabe lo que he sufrido por él. Sabe lo mucho que lo amo. Sabe que estaría dispuesto a todo para hacerlo feliz, incluso apartarme para que sea feliz con otra persona.

Lentamente, con la mente nublada de color rojo por el coraje, me gire sobre los brazos de él para verle la cara al maldito responsable de quitarle la sonrisa más preciosa a la persona más especial de mi vida. Sin pensar siquiera en lo que estaba viendo, ni en quién estaba justo ahí, solté mi más fuerte puñetazo a la cara que habla podido vislumbrar entre las lágrimas de mis ojos. Pero en vez de estrellarse en una superficie blanda de piel, golpeó el gran espejo de la sala de baile. 

Petrificado veía en cámara lenta como se hacían añicos los cristales del espejo, como caían y rebotaban en muchas direcciones. Sentí como sus brazos me rodearon por detrás a la altura de la cintura y recargaba su cabeza en mi espalda, fue entonces cuando lo comprendí todo. Mil imágenes pasaron por mi mente en unos segundos, dejándome claro lo que todo este tiempo estuvo frente a mis narices. Un susurro fantasmal que me hablaba desde lejos, me trajo a mi cruda realidad con las palabras más dolorosas que jamás pude escuchar.

—¿Aún quieres saber su nombre?