jueves, 24 de noviembre de 2016

La necesidad

-¿Por qué hoy?

Layla volvió a gritar con todas sus fuerzas, se hacia bolita aferrándose con desesperación su vientre palpitante. Aproximadamente cada hora le daban contracciones peores que las que les dan a las embarazadas en momento de parto, le dolían las articulaciones y se contorsionaba en formas imposibles y durante un minuto tenía que soportar tal calvario. Al menos tenía 59 minutos para recuperarse para el siguiente ataque. Cuando paró esta vez, tardó unos diez minutos en pararse de nuevo del suelo.

La necesidad le atacaba cada cinco años durante tres días y entre más tardaba en ser atendida, más dolorosos eran los ataques. Ésta vez había comenzado en la mañana, ya era medio día y seguía sin poder moverse más allá de su cuarto. En realidad no tenía muchas ganas de salir, pero tenía que ocuparse de ciertos asuntos en el exterior. Tal vez los dejara para después.

Cuándo el dolor se hizo más soportable, se levantó de la cama y se puso una bata. Bajó despacio a la cocina y fue por el bote de basura, no sabría cuantos días tardaría en recuperarse así que tenía que sacar ese cubo antes de que se hiciera un basurero interior.

Puso la tetera con agua, con hierbas de manzanilla y eucalipto, ya que eso le calmaba el dolor un poco. Tomó el bote de basura y lo rodó hasta la calle con calma y se sentó a esperar a que pasara el camión de basura, a los pocos minutos llegó una gran camioneta de mudanza y un coche azul, de éste salió un hombre muy guapo con gafas de sol y bermudas, los trabajadores bajaron de la camioneta y comenzaron a bajar los grandes muebles.

-Genial, lo que me faltaba. El nuevo vecino -dijo Layla entre un susurro mientras miraba al chico, probablemente él sintió su mirada porque volteó y con una gran sonrisa se encaminó hacia ella.

-No, no... No vengas. -Suplicó Layla, pero él no entendió el mensaje y siguió caminando hacia ella- joder...
Ella se levantó tan rápido como su cuerpo dolorido se lo permitió y se tambaleó, lo cual hizo que él chico corriese para ayudarla.

-¿Estás bien? -Le preguntó de manera amable mientras le sostenía de los brazos. -Soy André, tu nuevo vecino.

-Emm si, ya me iba a meter, creo que el camión ya se tardó mucho.

Ella se intentó desprender de sus brazos sintiendo una ola de calor recorrer su cuerpo y ese estremecimiento previo al ataque.

-Debo irme ya. -Dijo más para sí misma que para él, se soltó y caminó de manera rápida hacia la puerta, pero él la siguió detrás con una cara de preocupación.

-¿Puedo ayudar en algo?

-No, gracias. -Respondió cortante.

Ella estaba a punto de entrar a su casa pero ya era demasiado tarde. La ola de dolor llegó antes de que pudiera cerrar la puerta y la tumbó al piso. ¿Qué diablos? No habían pasado ni siquiera veinte minutos desde que se había recuperado del ataque anterior. Seguro fue la cercanía excesiva que había tenido con ese macho humano. Sin poder evitarlo gritó fuerte y se dobló por el vientre

André se quedó completamente paralizado al ver el grito que profirió aquella criatura delicada. Le costó varios segundos salir de su estupor y correr a ayudarla. Se agachó a su lado y estiró los brazos para poder tomarla, pero ella no se dejó.

-¡No me toques! -Dijo ella en un gruñido, justo antes de que volviera a soltar un gran alarido que ésta vez le erizo la piel.

-¿Qué hago entonces? ¿Te dejo ahí tirada? -Le preguntó con desesperación.

Pero ella ya no lo escuchaba, se retorcía de manera inhumana en el suelo y parecía que tratase de arrastrarse dentro de la casa pero no conseguía moverse más de dos centímetros. Él ignoró por completo su orden de no tocarla y con decisión la tomo por debajo de las rodillas con un brazo y con el otro la sostuvo de la espalda, la cargó y se la echó al pecho para poder llevarla dentro. Sin embargo, una ola de calor y deseo puro lo envolvió al momento del contacto con ella. Le costó mucho autocontrol no hacer cosas sucias con aquella pobre alma en pena.

-¡No!

Layla volvió a rugir con todo lo que tenía cuando sintió el caliente roce de las manos de aquel desconocido, sintió palpitar su centro con fuerza y se retorció del dolor que aquello le causaba. No podía ver, pero entre lo nebulosa que era su vista, distinguió su casa por dentro y sintió moverse suavemente, como si levitara. Dejó de moverse, pero al instante gimió cuando sintió una suave y ardiente caricia en su frente, que fue bajando a su mejilla. Escuchó susurros de manera lejana, segundos después un roce en su cuello con algo húmedo le hizo arquearse gimiendo de dolor, fue tal el placer que eso le provocó que sintió una fuerte contracción en su centro que le humedeció por completo y le erizo cada vello de su cuerpo, desde su cuello a su pubis. Fue entonces cuando suspiró de alivio y cayó en un profundo sueño.

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En cuanto entró a la casa cerró la puerta detrás de si con un pie, se adentró y dejó a la chica en el sillón de la estancia, André le tocó la frente para medir su temperatura y bajó a sus mejillas. Ella literalmente estaba ardiendo.

-Tranquila, te ayudaré. No te preocupes.

Buscó con la mirada la cocina y se dirigió, entró para buscar una vasija llenándola con agua fría del grifo y tomó una toallita de mano que estaba sobre la mesa. Volvió a escuchar un grito aterrador que provenía de la sala y volvió tan pronto como pudo. Mojó la toallita y la exprimió un poco, la puso sobre su frente y sus mejillas, pero ella sólo siseó, cuando la mojó de nuevo y la puso sobre su cuello, a la altura de su yugular, ella gimió y alzo la espalda del sillón en un arco y de la nada, cayó profundamente dormida.

André estaba muy confundido y aturdido por la escena que acababa de presenciar, pero tenía que ocuparse de ciertos asuntos privados, específicamente bajo sus pantalones. Era increíble lo hermosa que era esta chica, su cabello rubio estaba trenzado y atado con un listón violeta. Su bata apenas si cubría la piel clara que tenía.

-Para. -Se regañó a sí mismo por el rumbo que estaban teniendo sus pensamientos.

La cubrió con la manta que estaba sobre el sofá y salió lentamente de la casa, cerró la puerta con cuidado y se quedó recargado unos segundos mirando hacia el cielo. ¿Qué enfermedad padecería esta chica para tener ataques así? ¿Vivirá sola? Suspiró resignado para luego volver a su casa y terminar con lo que había empezado, la mudanza.

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Layla se despertó con un sobresalto aferrándose al sillón y a la manta que la mantenía envuelta. Confundida miró alrededor para verificar que no hubiera nadie en su casa, quizá todo había sido una pesadilla, seguro se había golpeado la cabeza en uno de los ataques y había tenido alucinaciones. Pero es que eso no podía ser, estaba en la sala, tapada y con la fiebre baja. Alzó las cejas sorprendida y se levantó con muchísima más facilidad de la que podía esperar estando en su necesidad.

Se tapó bien con la bata y subió a su cuarto de nuevo, se acostó, fue entonces cuando miró el móvil y que se dio cuenta de que algo andaba realmente mal.

-No-puede-ser -dijo lentamente y separando cada palabra.

Eran las ocho de la noche cuándo había salido a tirar la basura, no podía creer lo que sus ojos veían. Según el móvil ella había dormido más de cinco horas, pero eso no era lo sorprendente, lo más increíble era que en esas cinco horas no había tenido un ataque. Desconcertada, Layla salió de la cama y fue al baño para darse una ducha, pero ni siquiera llegó a la puerta porque a mitad de camino estaba ya en el suelo gritando de dolor. Otra vez. Pero en esta ocasión era distinto, lo que más le dolía no era el vientre, sino justo en el centro. 

Lloró en esta vez, gimió durante todo el ataque sintiendo un inmenso dolor, incluso sintió como su clítoris estaba a punto de reventar. Toda en ella DESEABA ser tomado. Pensó en aquel roce en su cuello... 
Ah, se estremecía de tan sólo recordarlo. Se humedeció un poco, pero eso no ayudó a calmar el dolor del ataque, por el contrario, hacía que fuera peor el sufrimiento. Así que decidió probar algo que jamás se hubiera imaginado capaz de hacer, bajó su mano lentamente posandola en el centro de su dolor y  se arqueó soltando un enorme grito desesperado que llegó a ser escuchado en la casa de a lado, por una persona en especial.

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Cuando por fin había terminado de acomodar las cajas y todos los muebles eran pasadas la una de la madrugada. André se sentó en el sillón que aún tenía la bolsa de protección y suspiró de cansancio. Tenía que ir a la cama ya, era muy tarde y en unas horas tendría que levantarse de nuevo para terminar la mudanza. Se levantó y fue hacia donde sería su cocina y tomó un poco de agua directamente del grifo.

En esos momentos comenzó a escuchar nuevamente los gritos aterradores que provenían de la casa de su vecina. Eso en verdad lo incomodó ya que no sabía si debería ir a ayudar o tenía que quedarse ahí. Salió al porche para observar si es que alguien más también los oía, pero nadie estaba afuera a esas horas, eso indicaba que nadie le prestaba atención a esos gritos o es que ya se habían acostumbrado. A cada segundo los gritos eran más y más fuertes, sin saber que hacía realmente él se fue acercando a esa casa, atraído como por un imán.

Hipnotizado caminó lentamente sin quitar la vista de la única ventana de la que salía luz, no sabía cuanto tiempo había pasado desde que estaba afuera de esa casa con la vista hacia arriba, él sólo miraba a la ventana soñando con subir y tomar a aquella mujer entre sus brazos y aliviar su dolor. Pero su autocontrol no duró demasiado, ya que el grito que lo despertó de su estupor fue completamente diferente de los de antes, éste grito sonaba una súplica, una que le rogaba fuese por ella y terminara con ese tormento.

El instinto reaccionó antes que la conciencia y él ya se hallaba atravesando la puerta, fue a las escaleras y subió corriendo completamente enloquecido. Buscó la habitación de la que provenían los gritos lastimeros y aquello que vio fue tan confuso que le petrificó el cuerpo.

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Cuando Layla se sintió a sí misma en su hendidura gritó sin saber si era de dolor o placer, pero tomando en cuenta que en los últimos días esos conceptos se habían fundido, no habría forma de saberlo. Comenzó por acariciarse lentamente, pero incluso el roce del viento le provocaba sensaciones demasiado fuertes. Paró de hacerlo y se aferró como de costumbre el vientre haciéndose rollo, sin embargo eso le provocó aún más dolor así que a pesar de su vergüenza volvió a bajar la mano y ésta vez no paro de acariciarse, eran caricias lentas pero desesperadas.

Justo en el momento en que no creía que nada podría ir peor, no fue así, en ese segundo antes de que su orgasmo llegara vio entrar a una figura masculina, que se quedó paralizado en el umbral de su habitación. Esa mirada de deseo y desconcierto le hizo llegar al clímax más vergonzoso de toda su existencia, pero fue tal el placer que sintió, que volvió a retorcerse como poseída, porque en vez de ser saciada, su necesidad exigió más, mucho más, enviado una ola de calor y hormonas por toda la habitación que le llegó como una invitación irrechazable al intruso que tenía en su casa.       

martes, 21 de junio de 2016

Secretos Pt. 1

—Tengo miedo mah —le susurro contra su pecho, la pequeña y frágil Ahlí a su mamá. 

—Todo va a salir bien mi niña, dolerá sólo por un rato, pero después todo habrá valido la pena. Yo pasé por ello y tu hermana también, ahora una hermosa familia. Es tu turno. 
tenemos
—¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué no puede ser como en otros lugares del mundo? —protestó entre gemidos, temblando de terror. 

—No lo sé Ahlí, pero es nuestro destino pasar por esa prueba si quieres ser una mujer completa en nuestra sociedad. 

—Hubiera deseado ser un hombre entonces, para poder negarme a hacerle eso a mi futura esposa. —Se levantó y miró a su mamá con rabia y miedo—. No me hubiera importado lo que tuviera que pasar después, no le haría eso a nadie.

Ahlí se fue corriendo a su tienda. Disfrutó de su última vista hacia lo que le había pertenecido por años. A lo que le arrebatarían al día siguiente para venderla a un hombre al que apenas conocía. 

Se metió a escondidas a su hueco secreto detrás de la pared, encendió el aparato de tecnología que había comprado en el mercado negro y se conectó esperando que él estuviera disponible. Tenía que despedirse. Esta sería la última vez que podrían hablar.

Debía explicarle todo, contarle la verdad de dónde provenía y a donde iría a parar mañana al atardecer. 

"Hola" escribió en la ventana de conversación. Esperó unos segundos y él se conectó.

"Hola preciosa" le respondieron.

"Debo contarte algo muy importante, tienes que prestar atención" suspiró Ahlí y esperó a que llamara.

Mañana todo el mundo sabría de este pequeño pueblo, de su cultura y sus tradiciones. Con un poco de suerte en algunas generaciones alguien vendría a rescatarlos de la primitividad. 

—Que hay —le dijeron cuando respondió la llamada. 

—Presta atención, ¿puedes grabar esta llamada? Es importante. 

—Claro, pero dime que pasa. ¿Estás bien? —El muchacho del otro lado de la pantalla se acerco un poco preocupado por la cara que tenía su amiga, alzo la mano y la acercó a la camara como si pudiera tocarle. Ella lo sintió. 

—Cuando termine de contarte todo, lo sabrás. —respondió con un pequeño temblor en su voz. Estaba rompiendo todas las reglas. Si alguien la descubría, la ceremonia de mañana parecería un juego de niños en comparación con lo que le harían. 

—Está bien. Te escucho.

Ahlí ordenó mentalmente sus pensamientos para poder comenzar a hablar. Esto pasaría a la historia si lograba contarlo todo... 

lunes, 30 de mayo de 2016

Recomendación del Mes: Manhattan Crazy Love

Reseña: Katie Conrad es la chica con  más mala suerte del mundo. El destino,  su mejor amiga y muchas mentiras con buena fe la  ponen frente al  trabajo de su vida,  pero también frente a Donovan Brent, el  hombre más odioso y atractivo sobre la  faz de la  tierra.
Donovan parece vivir sólo para torturarla. Y aunque  Katie no duda en plantarle cara, las cosas casi nunca salen como las planea. Él  convierte el sexo en algo increíble, loco y salvaje,  y ella tendrá que  decidir si  eso es lo que  quiere o no.
Los  cuentos de hadas han  vuelto
Opinión Personal: De entrada es una novela muy sexy, yo me leí primero el segundo libro y quedé fascinada así  que intente buscarlo en físico para poder comprarlo y fue cuando descubrí que había una primera parte, luego leí este y me enamoré de ambos. Además este libro en especial tiene un toque demasiado divertido y sensual que te va a hacer avanicarte sonrojada cada que lo leas (jajaja que senturrona me oí). Pero si las novelas eróticas son lo suyo o te quieres animar a leer una por primera vez, este es tu libro.
Tiene tintes de BDSM lo cual lo hace muy genial y extraño; no, no es una copia de 50 sombras de ya saben quién. En realidad es muy fresco y no aburre para nada, te juro que te va a atrapar desde la primera página y te tendrá en suspenso. Pero eso si, te hará rabiar y querer golpear a quien tengas a un lado.
Su final quizá es un poco predecible pero realmente el camino que tenemos que transitar para llegar a el realmente vale la pena. Espero sus propios comentarios.

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martes, 2 de febrero de 2016

"Nunca estuviste solo" Capítulo 4. Enfrentamientos


Lo primero que aprendemos al día siguiente es como usar un arma, sin embargo es algo que yo ya sabía. Aún así en el entrenamiento trato de no destacar tanto para no levantar dudas del porque una Erudita sabe como tomar y disparar un arma, pero es imposible, la mayoría son un asco, sobre todo Tris. Al verla tratando de acomodar su postura para tirar, no puedo evitar reír en silencio. Después de varios intentos fallidos se rinde bajando el arma y observa con detenimiento el blanco, por mero impulso camino hacia ella y me pongo a su lado, alzo mi arma.
  —Te enseñaré como se hace —le susurro.
  Ella voltea a verme con el seño fruncido y sonrío de lado, entonces respiro profundo y exhalo despacio, me coloco el arma en las manos y hago tres disparos seguidos, los tres atinan al centro, haciendo un gran hoyo en el blanco de ella. Cuando termino, veo que no sólo ella está viéndome, sino todos los demás también.
  —Muchas gracias por la demostración, pero aún te falta mucho que aprender, así que sigue practicando y no le quites el tiempo a tus compañeros o podrán tener excusas del porque no aprenden nada —dice una voz fría detrás de mí, Eric.
  —Lo siento —respondo mientras le dirijo una mirada enfadada caminando de nuevo a mi lugar de entrenamiento.
  Cuando esa clase termina es hora del almuerzo, tomo algo de comer y me vuelvo  a sentar en la mesa de Uriah y sus amigos, para mi sorpresa resulta que Zeke el hermano de Uriah, es muy amigo de Cuatro quien se sienta normalmente con ellos, lo cual no despierta muchas sospechas del porque nos hablamos.
  Después del almuerzo, Cuatro nos lleva a una sala que yo conocía muy bien, es donde me enseñó a pelear por primera vez.
  —Como les dije esta mañana —dice mientras camina entre nosotros—, lo próximo que aprenderán es a pelear cuerpo a cuerpo. Vamos a ir sobre la técnica hoy y más tarde lucharán unos contra otros. —Desvío la mirada sonriendo hacía Cuatro, pero él no luce nada bien.
  —Haremos de inmediato las parejas —interviene Eric, que entra en ese momento a la sala. Las quejas surgen en cuanto menciona que tanto hombres como mujeres pelearan juntos, sin distinción de sexo. Como es típico de él, son ignoradas deliberadamente. Sin embargo, una sorpresiva alegría me inunda cuando menciona los últimos nombres—. Jane contra Tris. Tienen un par de horas para su acondicionamiento físico y entrenamiento teórico, después procederemos con las luchas.
  Durante esas horas sólo me dedico a calentar y a golpear un poco un costal de arena, todo lo demás ya lo sé gracias a Cuatro...
**********
  Hoy también debía acudir a Osadía para continuar con los encargos constantes que Jeanine me hacía. Desde que conocí a Cuatro ya no ponía objeciones ni me hacía preguntas, con gusto aceptaba los encargos. Iba una vez por semana y cada que acudía era un poco más cercana a él. Aunque su actitud siempre fue distante y fría él estaba dispuesto a aprender muchas cosas que yo sabía, un rasgo que me pareció muy raro de un Osado.
  El encargo de hoy consistía en algo muy sencillo, así que nos llevó menos tiempo del debido y el transporte que iba por mi tardaría unas horas en llegar.
  Está listo dije volteándolo a ver—. ¿Y ahora qué?
  No sé. Respondió.
  Se hizo el silencio, pero con él los silencios no eran incómodos. Pasaron unos minutos mientras sólo veíamos las pantallas. Desde que habíamos terminado de instalar todas las cámaras por casi todos los rincones del complejo, parecía que era su actividad favorita, el quedarse viendo las grabaciones hora tras hora. Después de quién sabe cuántos minutos habló con voz firme.
  Ven, sígueme. Vamos a un lugar. Se levantó y salió de la sala.
  Está bien. dije en cuanto salió, siguiéndole tan rápido como podía.
  Desde que lo conocí, él tenía la costumbre de caminar hacia adelante sin esperar una respuesta. Al principio eso me molestaba mucho, creía que era por arrogancia, pero después que lo fui analizando con el paso del tiempo, supe que lo hacía para poder protegerse de un posible rechazo. Escondía mucha inseguridad detrás de esa fachada de rudeza.
  Me llevó hasta una de las salas que ellos utilizaban para entrenar. Se detuvo en el centro y me miro sonriendo con esa odiosa sonrisa suya.
  Ven cerebrito, ahora seré yo quien te enseñe lo que sé hacer mejor.
  Mi nombre es Janeth dije al momento en que me acercaba a él con un poco de inseguridad—. ¿Me vas a enseñar a pelear?
  —Sí, a menos que tengas miedo de aprender algo nuevo Jane —me contestó en tono de burla, lo cual me enfureció—. Janeth suena muy formal para el lugar en el que estás ahora, ¿No crees?
—No me llames así, tengo un nombre —caminé hacia él con furia y le empuje de los hombros.
  Sus palabras hacia mí, o hacia cualquier persona en general, siempre eran muy duras. Era realmente inteligente y observador, así que cuando hablaba sabía dónde y cómo darte justo en el orgullo. Pasamos toda esa tarde entrenando, él me enseñó cómo mantener una posición  de defensa y como adivinar el primer golpe del atacante mediante sus pasos. También me enseñó algunos golpes básicos.
  Se concentraba del todo y asumía su papel como entrenador. No sé si fue bueno o malo, pero en ningún momento me dejó ganar, golpeaba en verdad fuerte, pero eso en vez de molestarme me motivaba a golpearle fuerte también. Horas después nos tumbamos al piso, respirando agitadamente.
  Me sorprende que una cerebrito como tú tenga tanta fuerza y resistencia soltó apenas recuperó el aliento.
  Me sorprende que un bruto como tú sea tan inteligente le respondí mientras volteaba a verle.
  Soltó una risotada y yo reí junto con él. Nuestras miradas se cruzaron y establecieron una extraña conexión de la cual no pudimos escapar. Sin pestañear, sin hablar, respirando lentamente nuestras almas transferían información esencial a través de esa fina conexión que nos unía. Éramos tan diferentes pero tan iguales a la vez. Con miedos similares.
  No volvimos a hablar hasta largo rato después, y recordamos que seguramente el coche había llegado hace rato, pero por mi parte yo no quería volver... nunca más.
**********
  Muevo mi cabeza de un lado a otro tratando de salir de ese recuerdo, me enfoco poco a poco en a la habitación y es cuando veo que Cuatro está a un lado de la estirada poniendo las manos en su estomago y retirándolas de inmediato, mientras la instruye, no le quita la vista de encima y se acerca mucho a ella, lo cual me hace golpear con más fuerza el costal de entrenamiento. Minutos después Eric habla fuerte y claro:
  —Todos vayan alrededor del ring, comenzaremos con las peleas.
  Me siento lista y preparada para lo que viene, por lo que llego a ver, a excepción de los nacidos en Osadía, ninguno sabe muy bien que hacer; bueno, ellos y Peter. Ese muchacho desprende un aura de crueldad, no sólo de esa que tienen los de Verdad, sino una crueldad nata, de esas que hacen que las personas disfruten con el dolor ajeno. Me da un poco de pena por Cristina, ya que a ella le ha tocado la peor parte al tener que luchar contra él.
  —Bien, comencemos ya. Este año nadie cede. Se termina cuando uno de los dos no pueda continuar ―dice Eric—. Comiencen ustedes —señala a un par de nacidos en Osadía.
  Cuatro aprieta las mandíbulas, seguramente para no decir alguna estupidez. ¿A qué se refiere con quien no pudiera continuar? No puedo imaginar la respuesta a eso, pero en cuanto comienza la primera pelea, esos chicos me muestran hacia a donde iba todo aquello. Es brutal. Ambos tienen mucha fuerza y obviamente llevan años más que nosotros siendo entrenados para esto, pero aún así, después de varios minutos de una ruda pelea ninguno cede. Pasa un largo rato antes de que alguno de ellos muestra un poco de cansancio, cosa que el otro aprovecha para golpear con su puño en la nariz de su adversario. La sangre sale a borbotones, el chico golpeado tropieza con sus propios pies y pierde el equilibrio; al caer inconsciente en la lona, provoca un sonido seco.
  Se hacen los murmullos de asombro, pero ninguno se atreve a dar un sólo paso para ayudarle. Eric se acerca con una sonrisa de satisfacción y palmea la espalda de quien, estupefacto, ve el cuerpo de su contrincante en el piso.
  —Bien hecho, llévatelo a uno de los rincones de allá —señala un lugar con colchonetas de lucha.
  —Claro... —dice el chico casi en un susurro. Lo levanta con cuidado colgándoselo en los hombros para poder sacarlo de ahí.
  Así continúan otras tres luchas antes de que por fin sea mi turno. Cuando Eric nos llama para subir, lo hago con confianza poniéndome en el centro y espero que Tris suba. Lo hace con seguridad y lentamente llega para ponerse enfrente de mí, busco con la mirada a Cuatro pero la expresión que tiene me hace voltear a verlo por completo; su mirada es de preocupación y de alguna forma sé que no es por mí, porque él sabe que yo puedo superar fácilmente esta prueba sin problemas, entonces, ¿su preocupación es por Tris?
  La furia me nubla la mente y en cuanto Eric da la señal para comenzar, la tiro al piso con una patada que da directo en su estomago. Ella suelta el aire de golpe y con dificultades se levanta de nuevo, regularizando su respiración. Adopta una posición de defensa y comienza a acercarse a mí tratando de golpearme sin conseguirlo, sin embargo en esta ocasión tampoco puedo acercarme a ella para golpearla debido a que ahora se mueve con más agilidad. Cuatro comienza a alejarse del ring sin llamar la atención de nadie, sabe quién va a ganar.
  —No tengo que ver esto —le oigo susurrar a Eric, que lo detiene de un brazo—. Tengo otras cosas de las cuales encargarme y parece que tu lo tienes bajo control, puedes hacerlo sin mí.
  Esos segundos en que volteo a verlos, se convierten en un grave error, que es bien aprovechado por Tris. Me golpea en la mandíbula tan fuerte, que me provoca un grito sofocado, haciendo que todos en la sala pongan de nuevo sus miradas hacia nosotras incluidos Eric y Cuatro. Doy unos pasos hacia atrás para poder aclarar mis ojos que se me llenan de lágrimas por el golpe, pestañeo rápido y justo a tiempo para poder agacharme y esquivar un nuevo ataque. En el momento en que me agacho, pongo mis manos en el piso tomando impulso para patearle las piernas y hacer que Tris pierda el equilibrio, sin dudarlo me levanto y golpeo con fuerza su estomago haciendo que pierda todo el aire, la segunda patada impacta en sus brazos, ya que se intenta proteger justo antes de que le diera en la cara, se descubre y trata de arrastrarse fuera del ring rápidamente mientras le escurre sangre de la nariz.
Me acerco a sus piernas y la arrastro de vuelta y comienzo a patearle por todas partes, ella grita y gime pidiendo que me detenga, sin embargo la furia me está controlando. Cuatro entra en mi campo de visión, alza un poco las manos como pidiéndome que pare y así lo hago. Tris estaba hecha un ovillo, se aferraba sus piernas temblando del dolor.
Me retiro y miro a Eric esperando que me diga que pare, pero no lo hace, mientras recibo la mirada fulminante que me dirige Cuatro.
  —¿Qué esperas? ¡Acaba con esto ya! —grita Eric furioso.
  —No necesito ver esto —repite Cuatro a nadie en particular y se da la vuelta, dándome la espalda mientras se dirige a la salida.
  Gruñendo enfurecida volteo la mirada hacia Tris que me ve aterrada, sin pensarlo dos veces le atino una patada en su cabeza que le saca que un gemido lastimero antes de dejarla quieta en el suelo.

lunes, 25 de enero de 2016

¿Me extrañaste?



Ella estaba de espaldas y yo me acerqué sigilosamente, la abracé por la espalda a la altura de su cintura y posé mis manos en su estómago.

-¿Estuviste tan ansiosa como yo por verme de nuevo? -Le pregunté susurrandole en el oído con una gran sonrisa.

-No -dijo secamente.

Mi sonrisa se desvaneció en un segundo y dejé que mis manos resbalaran sin fuerzas hacia el suelo. Sin embargo ella se volteo sobre mi flojo abrazo y se pegó a mi, tomandome de las manos.

-No estuve ansiosa porque te vine a ver en secreto estos días, -me acercó aún más a ella y me sonrió cálidamente-. Desde lejos te observaba sonreírle a la gente y en silencio me marchaba feliz de haberte podido ver aunque sea unos minutos.

-¿Por qué no te acercabas a mi para saludarme? -Pregunté confundida.

-Porque estar cerca de ti me deslumbra, así que quería verte desde lejos para poderte apreciar mejor, tal como se hace con una estrella.

Sonreí un poco apenada y le tomé sus mejilas entre mis manos para poder sostenerle su rostro, lo levanté hacia mi y lentamente me acerqué para disfrutar de sus labios, tiernos y jugosos. Tan carnosos.

Tan míos.