domingo, 31 de mayo de 2015

Sentimientos... ¿Artificiales? Capítulo 2



Ella estaba de espaldas, recostada en el pasto sosteniéndose sobre sus codos con un libro debajo, leyendo. Sara le estaba observando desde lejos. Una extraña neblina le cubría el rostro, pero sabía que era hermosa. Intentó acercarse pero entre más caminaba en su dirección la distancia se hacía mayor, como una liga que se estira. Comenzó a correr desesperada por alcanzarla, pero ella jamás volteó a verle…
¡Ring! ¡Ring!
—Mmmm que… —se removió en la cama sobresaltada por el ruido repentino.
Comenzó a sonar una canción tranquila, pero poco a poco fue aumentando de volumen y cambiando su ritmo por uno un poco más rápido. Gruñó con la intención de que lo que fuera ese sonido se callara, tratando de aferrarse al sueño que ya se había desvanecido.
—¡¿Quién?!
—Lo siento, no quería despertarte tan temprano, pero tu amiga está afuera del apartamento esperando —le respondió una voz suave y llena de culpa. Sara tardó unos segundos en reaccionar y recordar de donde provenía la voz que le estaba respondiendo de manera tan amable. Lucy.
—Oh cielos, lo lamento. Es sólo que todavía no me acostumbro
—Lo entiendo, ¿le digo que pase?
—Sí, por favor. Dile que me espere en la sala, ahorita salgo.
—Muy bien. Buenos días por cierto.
—Buenos días —dijo Sara mientras se levantaba de la cama. Se quitó la pijama y se puso un pants y una blusa holgada, de esas que usaba los fines de semana. Muy cómodas. En cuanto terminó salió a recibir su visita.
—¿Con quién estás desgraciada? Olvidaste que íbamos a salir hoy, ¿verdad? —le reclamó su amiga Laura.
—Cálmate mujer —fue a la cocina y preparó la cafetera—. Y no estoy con nadie.
—Anda, ¿tú crees que soy tonta, no? ¿Entonces de quien era la voz de la mujer que me dejó pasar?
Sara soltó una risita. Si para ella era difícil acostumbrarse a su amiga, le costaría más trabajo aceptarlo. Le hizo la seña para que le esperara un minuto y fue por el auricular y tomó la tableta de Lucy. Fue a la sala y se sentó enfrente de su amiga, puso el lente de la cámara frente a ella y se puso el auricular.
—Lucy, esta es mi amiga Laura. Laura, ella es Lucy.
—Hola Laura, es un gusto —sonó su dulce voz a través de el altavoz de Lucy.
—¿Disculpa? —su amiga estaba sorprendida y luego se rió—. Vale, ¿me estás jugando una broma, no?
—No, ella es Lucy, es quien te recibió.
—Ah, claro. ¿Es que hablas por teléfono y ella está en altavoz, no?
Sara entorno los ojos, esto iba a ser muy divertido.
—No, Lucy es un Sistema Operativo de “System IA”. ¿Has oído hablar de ellos? —Laura se sorprendió mucho y agarro la tableta.
—¿Es en serio? Sí oí de ellos, pero no presté atención. ¿En serio eres inteligente? —le preguntó a Lucy mientras la examinaba.
—Mmmm —soltó una risita disimulada antes de contestar. Esa risa le causó una especie de ternura a Sara—. Pues soy una “Inteligencia Artificial” —dijo recalcando la palabra inteligencia.
—¿Cómo funcionas? —preguntó Laura dejando de nuevo a Lucy en la mesa y mirándole con curiosidad. Lucy le explicó de nuevo todo lo que ya le había comentado a Sara la primera vez. Sin exasperarse y de manera amable ella le respondía todas sus dudas. Sara sólo la miraba, y aunque no tuviera cuerpo físico sentía que de verdad estaba ahí.
—Genial. Eres asombrosa —exclamó Laura finalmente, cuando su curiosidad quedó satisfecha.
—Gracias. Platicar con otras personas también es muy interesante.
—¿O sea que yo soy aburrida? —dijo Sara desde la cocina mientras servía el café.
—No, no quise decir eso. Me refiero que entre más platico con personas reales yo sigo aprendiendo y creo mis experiencias propias,
—Si claro, ya dile que soy más interesante que ella —se burló Laura y las tres se rieron. Sara se acerco y le dejó el café cerca.
—¿Y por qué no te compras el tuyo propio? —le retó Sara.
—No sería mala idea, ¿dónde lo compraste?
—En la plaza que está aquí cerca, podemos pasar antes de ir al cine si quieres. —contestó Sara mientras bebía de su café.
—Me parece perfecto. ¿Cuánto tiempo llevas con ella?
—Una semana nada más —le dijo Sara.
—No te preguntaba a ti, le hablaba a Lucy. —Lucy rio de nuevo y cada vez que lo hacía Sara sonreía también al oírla, era como música.
—Llevamos una semana de conocernos. Pero casi todo el tiempo estamos hablando por cosas del trabajo. Yo le ayudo a organizar prácticamente toda su vida. Todo lo hago por la red.
—Así es, me siento más tranquila ya que ella incluso me ayuda con muchas más cosas de las que yo esperaba.
—Explotadora —sentenció Laura mientras se terminaba su café.
En cuanto terminaron, Sara se volvió a cambiar por algo mucho más decente para salir y acompaño a su amiga para que comprara su S.O. A Laura le urgía tanto configurar su Asistente que en vez de pasara a ver la película como habían quedado, hizo que Sara le acompañara a su casa a hacer la instalación y posteriormente regresar al cine. Cuando llegaron a su casa Laura fue directo a su computadora e insertó el disco.
—¿Puedo ver como se realiza el proceso? —le dijo Lucy a Sara a través del auricular
—Claro, ve cómo nacen —dijo con una sonrisa y puso a Lucy de frente a la computadora.
Laura comenzó con el proceso de instalación y la recibieron justo como a Sara cuando inició el suyo.
—Buenas tardes, gracias por comprar “System IA”. Vamos a comenzar por hacerle unas preguntas básicas para personalizar su asistente.
—Fantástico —murmuró Laura.
—Reconociendo calidad del micrófono y cámara integrada de su computadora HP… —El círculo de carga apareció y se desvaneció en unos segundos—. Calidad perfecta. Proseguiremos con las preguntas. ¿Cuál es su nombre? 
—Laura. —Sara y Lucy observaban el proceso desde atrás.
—Laura, ¿deseas que tu asistente tenga voz femenina o masculina?
—Femenina, ni hay que preguntarlo —se rio.
—Es fascinante ver esto —dijo Lucy sólo para Sara, y ésta asintió olvidando que ella no podía verle.
—¿Así está bien? —la nueva voz de la asistente de Laura resultó ser un poco más suave que la de Lucy. Era coqueta y divertida. Parecía un poco mayor.
—¡Perfecta! —Laura casi saltaba en su silla emocionada.
—Pareces niña —le dijo Sara riéndose.
—Cállate tú, seguro estabas igual.
Las demás preguntas fueron distintas a las que le hicieron a Sara, pero el proceso fue el mismo. Con cada respuesta la pantalla cambiaba de color y el círculo de carga aparecía. Al finalizar su pantalla era de color lila, su color favorito.
—Es tu color favorito, ¿verdad? —le dijo su asistente.
—Esto da miedo —se rio y asintió—. Si, es mi color favorito. Ah, ¿tienes nombre o yo te puedo poner uno?
         —Tú puedes llamarme como gustes, sin embargo ya no sería mi personalidad, sino la tuya.
         Laura se sorprendió y volteó a ver a Sara.
         —¿Tú la llamaste Lucy? —Le preguntó, pero Sara negó.
         —Jamás se me pasó por la cabeza ponerle nombre como si fuese una mascota —sonrió.
         —Buen punto. —Se volvió hacia su computadora—. ¿Qué nombre tienes?
—Mmmm me gusta el nombre de Valeria, es lindo. ¿Te gusta?
—Me encanta —respondió Laura con una sonrisa. Sara le acercó la tableta que pertenecía a Valeria y se la enseño. —Mira, te presento a Sara mi amiga y a Lucy, su asistente.
—Mucho gusto chicas.
—Un gusto Valeria, fue interesante ver como se iba creando tu personalidad. Soy Lucy. ¿Podemos estar conectadas por medio del servidor, no?
—Creo que sí, intentémoslo.
—Bien, ya tienes a Valeria, ¿vamos al cine o qué? —suspiró Sara.
—Sí, sí. Vamos en lo que ellas se conectan.
Laura tomó a Valeria y se puso su auricular. Sara se guardo la tableta de Lucy en la bolsa y salieron de nuevo rumbo al cine. Caminando por la calle comenzaron a hablar entre ellas. Pasaron por la dulcería y se compraron palomitas y refrescos para entrar a la película. Cuando estaban esperando para entrar Lucy habló.
—¿Podemos ver esa película con ustedes?
—Sí, nos gustaría —animó Valeria.
—¿Cómo podrían verla? —miró Laura a Sara.
—La tableta trae una cámara, digamos que esos son sus ojos. Solamente habrá que tener cuidado para que no piensen que estamos pirateando la película. —Las cuatro se rieron.
Cuando entraron a la sala se sentaron hasta atrás y esperaron a que se apagaran las luces para acomodar a Valeria y a Lucy en el respaldo del asiento para que pudieran ver bien la pantalla.
—¿Ves bien? —le preguntó Sara a Lucy.
—Sí, esto es muy raro. Estoy muy emocionada.
—Es una nueva experiencia —completó Valeria. Sara también pudo oírla en su auricular ya que ahora estaban conectadas. Es como si estuvieran las dos juntas.
—Espero que disfruten su película —susurró Laura a nadie en particular en cuanto comenzó la película. Ella y Sara soltaron una risita al oír que de ambiente Valeria y Lucy tenían el ruido de palomitas siendo masticadas.
Esa fue su primera cita.


domingo, 24 de mayo de 2015

"Sentimientos... ¿Artificiales?" Capítulo 1

Esta historia está basada en la película "Her".
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Lucy era un sistema operativo con IA (inteligencia artificial), Sara le había conocido hace unos días a través de una conferencia donde exponían su uso y sus funciones. Al inicio estaba desconfiada porque ella no creía posible todavía que una maquina pudiese reemplazar la labor de un humano, pero muy pronto constató que se había equivocado. Ese día en cuanto llegó a su casa con el paquete de instalación de “System IA” que era el nombre de la marca del producto, lo abrió de inmediato, curiosa por comprobar por sí misma las funciones completas de ese asistente electrónico que había comprado.
Insertó en la computadora el disco de instalación y unos segundos después se abrió una ventana que ocupaba todo el espacio, era color blanco y un círculo de carga apareció. En cuanto el logotipo de la marca apareció, una voz mecánica le habló.
—Buenas noches, gracias por comprar “System IA”. Vamos a comenzar por hacerle unas preguntas básicas para personalizar su asistente.
—Muy bien.
—Reconociendo calidad del micrófono y cámara integrada de su computadora Dell… —El círculo de carga apareció y se quitó en unos segundos—. Calidad excelente. Proseguiremos con las preguntas. ¿Cuál es su nombre?  
—Sara.
—Sara, ¿deseas que tu asistente tenga voz femenina o masculina?
Lo pensó un poco, no iba a dejar que una voz masculina procedente quien sabe donde le mandara. Bastantes veces lo había hecho y todas sus relaciones habían salido mal. Además nunca se había podido imaginar a un chico como asistente o secretario… Se rió.
—Femenina –respondió. La pantalla cambió de color, se hizo de un tono rosa pálido.
—¿Así está bien? —Esta vez, la voz era femenina, suave pero hablaba con firmeza. Nada de timidez. Transmitía confianza y seguridad.
—Guau, si… Creo que está bien.
Las preguntas siguieron brotando de esa voz que ya no tenía nada de mecánica y con cada respuesta la pantalla cambiaba de color y de tono. Le preguntó acerca de sus gustos personales, hobbies, trabajo, amigos y familia. Era como si hubiese conocido a una nueva persona y se estuviese presentando. A cada minuto que pasaba Sara se sorprendía cada vez más, realmente parecía una persona, sólo que sin forma. Al finalizar el interrogatorio la pantalla era de color azul cielo.
—Es tu color favorito, ¿verdad?
—S…si —titubeó y enarcó una ceja. Eso le había dado algo de miedo.
—Es normal, no te asustes. En base a todo lo que me contaste yo puedo deducir tu situación actual. Puedo incluso deducir por tu tono de voz que estas algo sorprendida.
—No algo, bastante. ¿Cómo funcionas?
—Bueno, estoy programada por cientos de personas. Con sus experiencias, sentimientos y pensamientos. Tengo todo eso dentro, pero lo que me hace especial, lo que me hace ser única, es mi capacidad de aprender. Así como un ser humano trasciende cuando aprende cosas, yo lo hago también. Aunque de distinta forma. Mi ser no es físico, pero viaja a través del ciberespacio y todo lo que hay ahí, está a mi alcance. Esas son mis bases, las experiencias las tengo con la persona que me usa, en este caso eres tú Sara. Contigo voy a experimentar como es la vida en realidad y de eso voy a aprender.
—¿Tienes nombre?
—Sí, me llamo Lucy.
—Vaya, bueno Lucy. Mucho gusto. De verdad que va a ser un placer.
—Igualmente, para comenzar mi trabajo voy a echarle un vistazo a tu ordenador, ¿puedo?
—Claro… Yo, bueno. Voy a preparar la cena, ahorita regreso.
—Puedes llevarme contigo a todos lados. En el paquete de instalación hay una tableta portátil.
Revisó la cajita y vio que era cierto. Era una especie de mini tableta de unos 6x8 cm. El color era el mismo que en la pantalla del ordenador, azul cielo. Al reverso había un recuadro de 2x3 cm y apareció el nombre de “Lucy” en letras cursivas. Al parecer el reverso también era una pantalla, o al menos sólo ese recuadro. Y arriba se encontraba el lente de una cámara. La encendió y en la pequeña pantalla del frente aparecía una versión reducida de su ordenador y a Lucy familiarizándose con los archivos.
—Ahora puedes ir a preparar la cena y tenerme cerca, también hay un auricular, para que cuando estés en la calle no sea necesario sacar la tableta, puedes sólo oír mi voz.
—Genial —contestó sorprendida. Se puso el auricular y dejó a Lucy en la mesita. Mientras ella hacía su trabajo Sara preparaba la cena.
—Tienes muchas fotos, ¿te gustaría ser fotógrafa? —oyó que preguntaba a través del auricular.
—No, en realidad es un pasatiempo. Me gusta hacerlo a veces, o cuando veo una escena hermosa la capturo.
—Son muy buenas.
—Gracias.
Siguieron platicando de muchas cosas más, Lucy preguntaba acerca de cómo eran las cosas en realidad. Tenía muchas dudas.
—Bueno, ya es algo tarde. Debo dormir. —le dijo entre un bostezo.
—Claro, lo entiendo —respondió Lucy con algo de tristeza en su voz—. ¿A qué hora deseas que te despierte mañana?
—A las 7:00 am por favor.
—Bien. Buenas noches Sara, descansa.
—Buenas noches Lucy.
Sara se acostó en su cama y dejo a Lucy en el buro. Se quitó el auricular y se acurrucó entre sus cobijas. Comenzó a sonar una canción de piano con tono suave y eso le tranquilizó. Se durmió casi al instante.

viernes, 22 de mayo de 2015

"Nunca estuviste solo" Capítulo 2. Cuatro


Tardé un poco en subir este capítulo porque tuve problemas técnicos con la computadora, pero espero que esté mejor. Antes de que sigan leyendo, quisiera aclarar ciertos puntos que no comenté en el pasado.
A pesar de que es un Fanfic, voy a tratar de apegarme lo más que pueda a la historia real, para que les sea más fácil de digerir. Pero en algunos casos, tendré que cambiar algunas cosas, diálogos, escenas o incluso actitudes de los personajes para que lleguemos al objetivo principal. Creo que por el momento es todo, disfruten de la lectura.
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Era alto y musculoso, su mirada era muy penetrante como la de los demás osados, pero la diferencia es que se veía oculto un sentimiento, percibía un pequeño brillo que lo hacía especial.
—¿Y tú eres…? —Me preguntó desde la entrada, caminó hacia mí pero se detuvo a unos dos metros.
—Soy Janeth Williams —estiré mi mano—. Me enviaron para enseñarte el uso de la nueva máquina que han traído, —me atreví a sonreírle un poco y añadí con sarcasmo—, y al parecer también la haré de diseñadora de interiores, instaladora e instructora.
—Soy Cuatro —me tomó la mano para saludarme. Al instante me estremecí por su contacto, ya que sorprendentemente era muy cálido, aunque fuese muy breve.
Sin perder el tiempo en nada más, comenzamos a realizar la instalación de las máquinas y hacer un centro de monitoreo en donde todas ellas se podían conectar entre sí para realizar un gran sistema, lo cual me volvió a dejar inquieta, ya que esto no era típico de la facción en la que nos encontrábamos. Pasamos toda la tarde realizando eso sin hablar de otra cosa que no fueran las máquinas, aunque hubo cierto momento en el que juraría que él mismo veía con extrañeza las piezas y lo que se iba formando. Al final del trabajo me di cuenta que ya era demasiado tarde, Cuatro me dijo que me guiaría para la salida.
Cuando íbamos de camino los pasillos estaban aún más oscuros que antes, así que trataba de ir caminando despacio y con cuidado, sin embargo con total naturalidad, Cuatro iba caminando más rápido, al querer seguirle el ritmo y alcanzarle fue inevitable no tropezar con un escalón que no logré ver a tiempo.
—¡Rayos! —gruñí al caer de rodillas. Cuatro tuvo que regresar ya que estaba muy adelantado.
—¿Estás bien?
Asentí avergonzada y él me ayudó a levantarme, me sacudí las rodillas y seguimos caminando, aunque él iba más despacio a lado mío.
Cuando llegamos a la salida el cielo ya estaba completamente oscuro, pero aún seguía el automóvil que me había llevado.
—Gracias por acompañarme —le sonreí a Cuatro.
—De nada —sólo asintió con la cabeza y volvió al complejo.
Mis padres estaban muy preocupados cuando llegué, casi se me lanzan en la entrada, pero les expliqué rápidamente lo que sucedió y quedaron satisfechos y tranquilos.
**********
—¡Janeth! —Un grito me despierta de mi sueño—. ¡Mamá! ¡Estaba dormida! —Mi hermana se va riendo por ver como salto asustada de la cama.
—Cielo, ¿estabas dormida? —Me pregunta mi mamá mientras me siento de nuevo y froti mi cara con las manos—. Apúrate, no hay mucho tiempo y debemos llegar a tiempo a la Ceremonia de Elección.
—Sí, lo siento —contesto y mi madre se acerca para abrazarme fuerte.
—No importa, regresando puedes dormir todo lo que quieras.
Me da un último apretón y se va. Yo siento una punzada de culpa, ya que nadie sabe que yo no regresaría. Tomo mi bolsa con los libros y voy hacia la puerta sin mirar atrás, sin añoranza, sólo con la esperanza de que lo volveré a ver y si bien me va, lo veré por el resto de mis días.
Ya en la ceremonia, no dejo de removerme nerviosa en el asiento. Juego con las correas de mi bolsita que tiene los libros dentro, que ahora se me hacen más pesados de lo que nunca fueron.
Uno de los libros fue un regalo de mis padres a los 5 años, fue el primer libro que leí a esa edad y era sobre un estudio mental de varios miembros de cada una de las facciones, es por eso que yo sabía mucho de cada una. El otro tiene una portada falsa que dice "Manual de Plomería Básica", porque sabía que por más ansia de conocimiento tuviera algún amigo o miembro de mi familia, jamás lo tomarían para leer, ya que ese tipo de cosas se leían en los primeros cursos de nuestra enseñanza especial y no se volvían a leer; pero en realidad es un libro muy antiguo que encontré hace años en uno de los rincones de reciclado de la biblioteca en la Sede de Erudición. Contiene historias de como fue el mundo muchísimo antes de la guerra. Es mi mayor tesoro, ya que me demuestra que las cosas no siempre habían sido así, que todo está en constante movimiento y cambio.
Soy una de las ultimas, pero resisto la ansiedad como puedo, pero a mitad de la ceremonia mi padre me toma de la mano y se acerca para poderme susurrar al oído.
—Sé tú misma, te querremos siempre, no importa la decisión que tomes.
Lo miro con sorpresa. Él lo sabe.
Es demasiado observador, pero también debo añadir que los últimos meses después de conocer a Cuatro y de haber estado en el complejo de Osadía regularmente, cambié mucho.
—Beatrice Prior.
Oigo decir el nombre y volteo para ver levantarse a la estirada gruñona del bus. Me río al recordar ese día. Por el aspecto que tiene, no tengo porque preocuparme, seguro regresará a su Facción de origen. Pero para mi sorpresa la chica duda un poco, pero al final se oye un gran rugido cuando deja caer su sangre.
—¡Osadía!
Los aplausos y gritos de esa Facción ahogan mi risa, no puedo creerlo. El destino va a hacerme volver a verla, quizá hasta podríamos ser amigas… Si claro. Al final, después de varias personas es mi turno.
—Janeth Williams.
Me levanto y les sonrío de la manera más cálida a mis padres, pido perdón en silencio, mi padre asiente sin que mi madre lo vea. Bajo las escaleras con cuidado y me dirijo hacía donde se encuentran los cuencos y tomo el cuchillo. Corto mi mano y sin dudarlo, dejo caer la gota en el carbón ardiente.
—¡Osadía!
Me doy la vuelta y con preocupación miro hacia donde están mis padres, mi mamá se ve sorprendida y dolida, se aferra a la mano de mi padre con fuerza, él por su lado, me sonríe con tristeza. Entre los gritos y bramidos de mi nueva facción me dirijo hacia las sillas en las que están los nuevos miembros, y me siento a un lado de la estirada.
 —Es un gusto verte de nuevo —le susurro.
Es tan voluble como la recuerdo, pero olvidé que ahora ya no tiene que parecer abnegada, así que como si fuera normal para ella, se vuelve y me contesta.
—No creo que en verdad sea un gusto, pero es bueno verte de nuevo.
Me río para mí misma y la dejo en paz un momento. Cuando terminan de nombrar a los últimos chicos y la Ceremonia de Elección se termina, todos los de Osadía corren hacia las escaleras y los nuevos vamos detrás de ellos. Bajamos corriendo sin detenernos hasta salir del edificio, se dirigen hacía la estructura metálica que sostiene las vías del tren.
Todos comienzan a escalar, los gritos no se dejan de oír desde que salimos, y en medio de la euforia yo también grito. Grito por la alegría de verme libre, corriendo y haciendo estruendo. Grito por que pronto podré verlo.
Comienzo a escalar con un poco de dificultad, pero me impulsa la adrenalina, veo que la estirada se queda al último, eso me hace subir aún más y aferrarme con fuerza. Sé que la prueba de admisión ya había comenzado, sé que nos están probando. Yo sé muchísimo más que cualquiera de ellos, incluso me atrevo a pensar, que también de los que nacieron en Osadía.
El tren suena y se acerca de manera veloz. Cuando está cerca los mayores, abren las puertas y todos comienzan a saltar hacia adentro de los vagones, corro con ganas me aferro de una manija cerca de la puerta, salto y pongo mi pie en la entrada impulsándome hacia adentro.
Mi pecho arde. Apenas puedo respirar pero trato de controlar nuevamente mi respiración, inhalando y exhalando lentamente. Jamás he sentido algo así.
—Y lo que nos falta.
Comenta un chico moreno, trae ropa negra, así que debe saber que viene después. Me acerco un poco para poder oír. Está hablando con una chica de su misma facción, ella es demasiado masculina, tanto como para confundir a cualquier persona.
—¿Sabes algo acerca de las pruebas?
—No, pero sé que han cambiado las reglas, nos van a poner a prueba.
—Eso es normal, siempre lo hacen.
—Sí, pero esta vez algo muy importante va a estar en juego.
—¿Sabes que es lo que estará en juego en la iniciación? —le pregunto al chico intrigada.
Se limita a negar con la cabeza. Unos segundos más tarde comienzan a pararse todos y los más grandes se acercan a las puertas. Me levanto acercándome a la puerta para ver.
—¡Prepárense novatos! —dice un chico alto y lleno de perforaciones en la cara justo antes de saltar. Se oye un grito ahogado a mi lado, que viene de una chica de mi facción, recuerdo haberla visto muy a menudo en la biblioteca, pero no es que fuéramos muy sociables ahí.
Al ver que todos comienzan a saltar, dudo un poco. Se ve cerca el techo de un edificio a unos 7 metros, no queda mucho tiempo, así que en cuanto está cerca, salto detrás de un chico de Osadía, tomo vuelo desde el fondo del vagón. Caigo rodando y me raspo un brazo y las piernas, pero gracias al pantalón no pasa de más.
Sólo una persona no logra saltar y aferrarse, al menos es lo que imagino por los ruidos que hay cerca del borde. Algunos se están sobando y revisando sus brazos hasta que alguien habla, y yo reconozco su voz.
—¡Presten atención! Yo soy Max, y soy uno de los líderes de esta Facción. En el fondo está la entrada del complejo, quien no tenga las agallas para saltar no merece estar aquí.
—¿Quieres que saltemos desde aquí? —Pregunto incrédula.
—Sí —me contesta sonriendo con maldad.
—¿Hay agua o algo así en el fondo?
—No lo sé. Averígüenlo.
Se hace un silencio y todos evitamos vernos entre sí. Ya no me siento tan segura de querer hacerlo, pero si no lo hago no pasaré la iniciación. Y aparte de eso, no volveré a ver el motivo por el que estoy en este lugar.
—Yo lo haré —dice una voz suave y tímida. Todos giramos la cabeza en esa dirección y la estirada está caminando hacia el borde de donde se baja Max.
Ella se acerca y se quita el suéter que trae puesto, se sube y después de unos momentos de vacilación se deja caer. Me quedo completamente sorprendida, al pasar unos segundos sin escuchar gritos ni quejidos me siento mejor, como fuera ella está a salvo, por lo tanto yo también puedo estarlo. Camino al frente y me subo al borde del edificio, hay un gran agujero negro en el fondo y no puedo ver más allá. Las probabilidades de que quieran matarnos a todos los iniciados son casi nulas, así que sea lo que sea, es seguro… Claro, dentro de los parámetros de Osadía.
—Es para hoy —dice Max apresurándome.
—Sí, claro —susurro. Suspiro por una última vez y cierro los ojos. Pienso en esa cara que se me hace ya tan familiar. Deseo con mucha fuerza poder verlo pronto. Espero que se alegre de verme por fin. Y poder comenzar de nuevo algo más serio, ahora que podremos estar juntos para siempre. Esos pensamientos me infunden valor y hacen que salte hacia un destino incierto.