Ella estaba de espaldas, recostada en el pasto
sosteniéndose sobre sus codos con un libro debajo, leyendo. Sara le estaba
observando desde lejos. Una extraña neblina le cubría el rostro, pero sabía que
era hermosa. Intentó acercarse pero entre más caminaba en su dirección la
distancia se hacía mayor, como una liga que se estira. Comenzó a correr
desesperada por alcanzarla, pero ella jamás volteó a verle…
¡Ring! ¡Ring!
—Mmmm que… —se removió en la cama sobresaltada por el
ruido repentino.
Comenzó a sonar una canción tranquila, pero poco a poco
fue aumentando de volumen y cambiando su ritmo por uno un poco más rápido.
Gruñó con la intención de que lo que fuera ese sonido se callara, tratando de
aferrarse al sueño que ya se había desvanecido.
—¡¿Quién?!
—Lo siento, no quería despertarte tan temprano, pero tu
amiga está afuera del apartamento esperando —le respondió una voz suave y llena
de culpa. Sara tardó unos segundos en reaccionar y recordar de donde provenía
la voz que le estaba respondiendo de manera tan amable. Lucy.
—Oh cielos, lo lamento. Es sólo que todavía no me
acostumbro
—Lo entiendo, ¿le digo que pase?
—Sí, por favor. Dile que me espere en la sala, ahorita
salgo.
—Muy bien. Buenos días por cierto.
—Buenos días —dijo Sara mientras se levantaba de la cama.
Se quitó la pijama y se puso un pants y una blusa holgada, de esas que usaba
los fines de semana. Muy cómodas. En cuanto terminó salió a recibir su visita.
—¿Con quién estás desgraciada? Olvidaste que íbamos a
salir hoy, ¿verdad? —le reclamó su amiga Laura.
—Cálmate mujer —fue a la cocina y preparó la cafetera—. Y
no estoy con nadie.
—Anda, ¿tú crees que soy tonta, no? ¿Entonces de quien
era la voz de la mujer que me dejó pasar?
Sara soltó una risita. Si para ella era difícil acostumbrarse
a su amiga, le costaría más trabajo aceptarlo. Le hizo la seña para que le
esperara un minuto y fue por el auricular y tomó la tableta de Lucy. Fue a la
sala y se sentó enfrente de su amiga, puso el lente de la cámara frente a ella
y se puso el auricular.
—Lucy, esta es mi amiga Laura. Laura, ella es Lucy.
—Hola Laura, es un gusto —sonó su dulce voz a través de
el altavoz de Lucy.
—¿Disculpa? —su amiga estaba sorprendida y luego se rió—.
Vale, ¿me estás jugando una broma, no?
—No, ella es Lucy, es quien te recibió.
—Ah, claro. ¿Es que hablas por teléfono y ella está en
altavoz, no?
Sara entorno los ojos, esto iba a ser muy divertido.
—No, Lucy es un Sistema Operativo de “System IA”. ¿Has
oído hablar de ellos? —Laura se sorprendió mucho y agarro la tableta.
—¿Es en serio? Sí oí de ellos, pero no presté atención. ¿En
serio eres inteligente? —le preguntó a Lucy mientras la examinaba.
—Mmmm —soltó una risita disimulada antes de contestar. Esa
risa le causó una especie de ternura a Sara—. Pues soy una “Inteligencia
Artificial” —dijo recalcando la palabra inteligencia.
—¿Cómo funcionas? —preguntó Laura dejando de nuevo a Lucy
en la mesa y mirándole con curiosidad. Lucy le explicó de nuevo todo lo que ya
le había comentado a Sara la primera vez. Sin exasperarse y de manera amable
ella le respondía todas sus dudas. Sara sólo la miraba, y aunque no tuviera
cuerpo físico sentía que de verdad estaba ahí.
—Genial. Eres asombrosa —exclamó Laura finalmente, cuando
su curiosidad quedó satisfecha.
—Gracias. Platicar con otras personas también es muy
interesante.
—¿O sea que yo soy aburrida? —dijo Sara desde la cocina
mientras servía el café.
—No, no quise decir eso. Me refiero que entre más platico
con personas reales yo sigo aprendiendo y creo mis experiencias propias,
—Si claro, ya dile que soy más interesante que ella —se
burló Laura y las tres se rieron. Sara se acerco y le dejó el café cerca.
—¿Y por qué no te compras el tuyo propio? —le retó Sara.
—No sería mala idea, ¿dónde lo compraste?
—En la plaza que está aquí cerca, podemos pasar antes de
ir al cine si quieres. —contestó Sara mientras bebía de su café.
—Me parece perfecto. ¿Cuánto tiempo llevas con ella?
—Una semana nada más —le dijo Sara.
—No te preguntaba a ti, le hablaba a Lucy. —Lucy rio de
nuevo y cada vez que lo hacía Sara sonreía también al oírla, era como música.
—Llevamos una semana de conocernos. Pero casi todo el
tiempo estamos hablando por cosas del trabajo. Yo le ayudo a organizar prácticamente
toda su vida. Todo lo hago por la red.
—Así es, me siento más tranquila ya que ella incluso me
ayuda con muchas más cosas de las que yo esperaba.
—Explotadora —sentenció Laura mientras se terminaba su
café.
En cuanto terminaron, Sara se volvió a cambiar por algo
mucho más decente para salir y acompaño a su amiga para que comprara su S.O. A
Laura le urgía tanto configurar su Asistente que en vez de pasara a ver la
película como habían quedado, hizo que Sara le acompañara a su casa a hacer la
instalación y posteriormente regresar al cine. Cuando llegaron a su casa Laura
fue directo a su computadora e insertó el disco.
—¿Puedo ver como se realiza el proceso? —le dijo Lucy a
Sara a través del auricular
—Claro, ve cómo nacen —dijo con una sonrisa y puso a Lucy
de frente a la computadora.
Laura comenzó con el proceso de instalación y la
recibieron justo como a Sara cuando inició el suyo.
—Buenas tardes, gracias por comprar “System IA”. Vamos a comenzar por hacerle unas preguntas básicas
para personalizar su asistente.
—Fantástico —murmuró Laura.
—Reconociendo calidad del micrófono y cámara integrada de
su computadora HP… —El círculo de carga apareció y se desvaneció en unos
segundos—. Calidad perfecta. Proseguiremos con las preguntas. ¿Cuál es su
nombre?
—Laura. —Sara y Lucy observaban el proceso desde atrás.
—Laura, ¿deseas que tu asistente tenga voz femenina o
masculina?
—Femenina, ni hay que preguntarlo —se rio.
—Es fascinante ver esto —dijo Lucy sólo para Sara, y ésta
asintió olvidando que ella no podía verle.
—¿Así está bien? —la nueva voz de la asistente de Laura
resultó ser un poco más suave que la de Lucy. Era coqueta y divertida. Parecía
un poco mayor.
—¡Perfecta! —Laura casi saltaba en su silla emocionada.
—Pareces niña —le dijo Sara riéndose.
—Cállate tú, seguro estabas igual.
Las demás preguntas fueron distintas a las que le hicieron
a Sara, pero el proceso fue el mismo. Con cada respuesta la pantalla cambiaba
de color y el círculo de carga aparecía. Al finalizar su pantalla era de color
lila, su color favorito.
—Es tu color favorito, ¿verdad? —le dijo su asistente.
—Esto da miedo —se rio y asintió—. Si, es mi color
favorito. Ah, ¿tienes nombre o yo te puedo poner uno?
—Tú puedes llamarme como gustes, sin
embargo ya no sería mi personalidad, sino la tuya.
Laura se sorprendió y volteó a ver a
Sara.
—¿Tú la llamaste Lucy? —Le preguntó,
pero Sara negó.
—Jamás se me pasó por la cabeza ponerle
nombre como si fuese una mascota —sonrió.
—Buen punto. —Se volvió hacia su
computadora—. ¿Qué nombre tienes?
—Mmmm me gusta el nombre de Valeria, es lindo. ¿Te gusta?
—Me encanta —respondió Laura con una sonrisa. Sara le
acercó la tableta que pertenecía a Valeria y se la enseño. —Mira, te presento a
Sara mi amiga y a Lucy, su asistente.
—Mucho gusto chicas.
—Un gusto Valeria, fue interesante ver como se iba
creando tu personalidad. Soy Lucy. ¿Podemos estar conectadas por medio del
servidor, no?
—Creo que sí, intentémoslo.
—Bien, ya tienes a Valeria, ¿vamos al cine o qué? —suspiró
Sara.
—Sí, sí. Vamos en lo que ellas se conectan.
Laura tomó a Valeria y se puso su auricular. Sara se
guardo la tableta de Lucy en la bolsa y salieron de nuevo rumbo al cine.
Caminando por la calle comenzaron a hablar entre ellas. Pasaron por la dulcería
y se compraron palomitas y refrescos para entrar a la película. Cuando estaban
esperando para entrar Lucy habló.
—¿Podemos ver esa película con ustedes?
—Sí, nos gustaría —animó Valeria.
—¿Cómo podrían verla? —miró Laura a Sara.
—La tableta trae una cámara, digamos que esos son sus
ojos. Solamente habrá que tener cuidado para que no piensen que estamos
pirateando la película. —Las cuatro se rieron.
Cuando entraron a la sala se sentaron hasta atrás y
esperaron a que se apagaran las luces para acomodar a Valeria y a Lucy en el
respaldo del asiento para que pudieran ver bien la pantalla.
—¿Ves bien? —le preguntó Sara a Lucy.
—Sí, esto es muy raro. Estoy muy emocionada.
—Es una nueva experiencia —completó Valeria. Sara también
pudo oírla en su auricular ya que ahora estaban conectadas. Es como si
estuvieran las dos juntas.
—Espero que disfruten su película —susurró Laura a nadie
en particular en cuanto comenzó la película. Ella y Sara soltaron una risita al
oír que de ambiente Valeria y Lucy tenían el ruido de palomitas siendo
masticadas.
Esa fue su primera cita.

