viernes, 22 de mayo de 2015

"Nunca estuviste solo" Capítulo 2. Cuatro


Tardé un poco en subir este capítulo porque tuve problemas técnicos con la computadora, pero espero que esté mejor. Antes de que sigan leyendo, quisiera aclarar ciertos puntos que no comenté en el pasado.
A pesar de que es un Fanfic, voy a tratar de apegarme lo más que pueda a la historia real, para que les sea más fácil de digerir. Pero en algunos casos, tendré que cambiar algunas cosas, diálogos, escenas o incluso actitudes de los personajes para que lleguemos al objetivo principal. Creo que por el momento es todo, disfruten de la lectura.
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Era alto y musculoso, su mirada era muy penetrante como la de los demás osados, pero la diferencia es que se veía oculto un sentimiento, percibía un pequeño brillo que lo hacía especial.
—¿Y tú eres…? —Me preguntó desde la entrada, caminó hacia mí pero se detuvo a unos dos metros.
—Soy Janeth Williams —estiré mi mano—. Me enviaron para enseñarte el uso de la nueva máquina que han traído, —me atreví a sonreírle un poco y añadí con sarcasmo—, y al parecer también la haré de diseñadora de interiores, instaladora e instructora.
—Soy Cuatro —me tomó la mano para saludarme. Al instante me estremecí por su contacto, ya que sorprendentemente era muy cálido, aunque fuese muy breve.
Sin perder el tiempo en nada más, comenzamos a realizar la instalación de las máquinas y hacer un centro de monitoreo en donde todas ellas se podían conectar entre sí para realizar un gran sistema, lo cual me volvió a dejar inquieta, ya que esto no era típico de la facción en la que nos encontrábamos. Pasamos toda la tarde realizando eso sin hablar de otra cosa que no fueran las máquinas, aunque hubo cierto momento en el que juraría que él mismo veía con extrañeza las piezas y lo que se iba formando. Al final del trabajo me di cuenta que ya era demasiado tarde, Cuatro me dijo que me guiaría para la salida.
Cuando íbamos de camino los pasillos estaban aún más oscuros que antes, así que trataba de ir caminando despacio y con cuidado, sin embargo con total naturalidad, Cuatro iba caminando más rápido, al querer seguirle el ritmo y alcanzarle fue inevitable no tropezar con un escalón que no logré ver a tiempo.
—¡Rayos! —gruñí al caer de rodillas. Cuatro tuvo que regresar ya que estaba muy adelantado.
—¿Estás bien?
Asentí avergonzada y él me ayudó a levantarme, me sacudí las rodillas y seguimos caminando, aunque él iba más despacio a lado mío.
Cuando llegamos a la salida el cielo ya estaba completamente oscuro, pero aún seguía el automóvil que me había llevado.
—Gracias por acompañarme —le sonreí a Cuatro.
—De nada —sólo asintió con la cabeza y volvió al complejo.
Mis padres estaban muy preocupados cuando llegué, casi se me lanzan en la entrada, pero les expliqué rápidamente lo que sucedió y quedaron satisfechos y tranquilos.
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—¡Janeth! —Un grito me despierta de mi sueño—. ¡Mamá! ¡Estaba dormida! —Mi hermana se va riendo por ver como salto asustada de la cama.
—Cielo, ¿estabas dormida? —Me pregunta mi mamá mientras me siento de nuevo y froti mi cara con las manos—. Apúrate, no hay mucho tiempo y debemos llegar a tiempo a la Ceremonia de Elección.
—Sí, lo siento —contesto y mi madre se acerca para abrazarme fuerte.
—No importa, regresando puedes dormir todo lo que quieras.
Me da un último apretón y se va. Yo siento una punzada de culpa, ya que nadie sabe que yo no regresaría. Tomo mi bolsa con los libros y voy hacia la puerta sin mirar atrás, sin añoranza, sólo con la esperanza de que lo volveré a ver y si bien me va, lo veré por el resto de mis días.
Ya en la ceremonia, no dejo de removerme nerviosa en el asiento. Juego con las correas de mi bolsita que tiene los libros dentro, que ahora se me hacen más pesados de lo que nunca fueron.
Uno de los libros fue un regalo de mis padres a los 5 años, fue el primer libro que leí a esa edad y era sobre un estudio mental de varios miembros de cada una de las facciones, es por eso que yo sabía mucho de cada una. El otro tiene una portada falsa que dice "Manual de Plomería Básica", porque sabía que por más ansia de conocimiento tuviera algún amigo o miembro de mi familia, jamás lo tomarían para leer, ya que ese tipo de cosas se leían en los primeros cursos de nuestra enseñanza especial y no se volvían a leer; pero en realidad es un libro muy antiguo que encontré hace años en uno de los rincones de reciclado de la biblioteca en la Sede de Erudición. Contiene historias de como fue el mundo muchísimo antes de la guerra. Es mi mayor tesoro, ya que me demuestra que las cosas no siempre habían sido así, que todo está en constante movimiento y cambio.
Soy una de las ultimas, pero resisto la ansiedad como puedo, pero a mitad de la ceremonia mi padre me toma de la mano y se acerca para poderme susurrar al oído.
—Sé tú misma, te querremos siempre, no importa la decisión que tomes.
Lo miro con sorpresa. Él lo sabe.
Es demasiado observador, pero también debo añadir que los últimos meses después de conocer a Cuatro y de haber estado en el complejo de Osadía regularmente, cambié mucho.
—Beatrice Prior.
Oigo decir el nombre y volteo para ver levantarse a la estirada gruñona del bus. Me río al recordar ese día. Por el aspecto que tiene, no tengo porque preocuparme, seguro regresará a su Facción de origen. Pero para mi sorpresa la chica duda un poco, pero al final se oye un gran rugido cuando deja caer su sangre.
—¡Osadía!
Los aplausos y gritos de esa Facción ahogan mi risa, no puedo creerlo. El destino va a hacerme volver a verla, quizá hasta podríamos ser amigas… Si claro. Al final, después de varias personas es mi turno.
—Janeth Williams.
Me levanto y les sonrío de la manera más cálida a mis padres, pido perdón en silencio, mi padre asiente sin que mi madre lo vea. Bajo las escaleras con cuidado y me dirijo hacía donde se encuentran los cuencos y tomo el cuchillo. Corto mi mano y sin dudarlo, dejo caer la gota en el carbón ardiente.
—¡Osadía!
Me doy la vuelta y con preocupación miro hacia donde están mis padres, mi mamá se ve sorprendida y dolida, se aferra a la mano de mi padre con fuerza, él por su lado, me sonríe con tristeza. Entre los gritos y bramidos de mi nueva facción me dirijo hacia las sillas en las que están los nuevos miembros, y me siento a un lado de la estirada.
 —Es un gusto verte de nuevo —le susurro.
Es tan voluble como la recuerdo, pero olvidé que ahora ya no tiene que parecer abnegada, así que como si fuera normal para ella, se vuelve y me contesta.
—No creo que en verdad sea un gusto, pero es bueno verte de nuevo.
Me río para mí misma y la dejo en paz un momento. Cuando terminan de nombrar a los últimos chicos y la Ceremonia de Elección se termina, todos los de Osadía corren hacia las escaleras y los nuevos vamos detrás de ellos. Bajamos corriendo sin detenernos hasta salir del edificio, se dirigen hacía la estructura metálica que sostiene las vías del tren.
Todos comienzan a escalar, los gritos no se dejan de oír desde que salimos, y en medio de la euforia yo también grito. Grito por la alegría de verme libre, corriendo y haciendo estruendo. Grito por que pronto podré verlo.
Comienzo a escalar con un poco de dificultad, pero me impulsa la adrenalina, veo que la estirada se queda al último, eso me hace subir aún más y aferrarme con fuerza. Sé que la prueba de admisión ya había comenzado, sé que nos están probando. Yo sé muchísimo más que cualquiera de ellos, incluso me atrevo a pensar, que también de los que nacieron en Osadía.
El tren suena y se acerca de manera veloz. Cuando está cerca los mayores, abren las puertas y todos comienzan a saltar hacia adentro de los vagones, corro con ganas me aferro de una manija cerca de la puerta, salto y pongo mi pie en la entrada impulsándome hacia adentro.
Mi pecho arde. Apenas puedo respirar pero trato de controlar nuevamente mi respiración, inhalando y exhalando lentamente. Jamás he sentido algo así.
—Y lo que nos falta.
Comenta un chico moreno, trae ropa negra, así que debe saber que viene después. Me acerco un poco para poder oír. Está hablando con una chica de su misma facción, ella es demasiado masculina, tanto como para confundir a cualquier persona.
—¿Sabes algo acerca de las pruebas?
—No, pero sé que han cambiado las reglas, nos van a poner a prueba.
—Eso es normal, siempre lo hacen.
—Sí, pero esta vez algo muy importante va a estar en juego.
—¿Sabes que es lo que estará en juego en la iniciación? —le pregunto al chico intrigada.
Se limita a negar con la cabeza. Unos segundos más tarde comienzan a pararse todos y los más grandes se acercan a las puertas. Me levanto acercándome a la puerta para ver.
—¡Prepárense novatos! —dice un chico alto y lleno de perforaciones en la cara justo antes de saltar. Se oye un grito ahogado a mi lado, que viene de una chica de mi facción, recuerdo haberla visto muy a menudo en la biblioteca, pero no es que fuéramos muy sociables ahí.
Al ver que todos comienzan a saltar, dudo un poco. Se ve cerca el techo de un edificio a unos 7 metros, no queda mucho tiempo, así que en cuanto está cerca, salto detrás de un chico de Osadía, tomo vuelo desde el fondo del vagón. Caigo rodando y me raspo un brazo y las piernas, pero gracias al pantalón no pasa de más.
Sólo una persona no logra saltar y aferrarse, al menos es lo que imagino por los ruidos que hay cerca del borde. Algunos se están sobando y revisando sus brazos hasta que alguien habla, y yo reconozco su voz.
—¡Presten atención! Yo soy Max, y soy uno de los líderes de esta Facción. En el fondo está la entrada del complejo, quien no tenga las agallas para saltar no merece estar aquí.
—¿Quieres que saltemos desde aquí? —Pregunto incrédula.
—Sí —me contesta sonriendo con maldad.
—¿Hay agua o algo así en el fondo?
—No lo sé. Averígüenlo.
Se hace un silencio y todos evitamos vernos entre sí. Ya no me siento tan segura de querer hacerlo, pero si no lo hago no pasaré la iniciación. Y aparte de eso, no volveré a ver el motivo por el que estoy en este lugar.
—Yo lo haré —dice una voz suave y tímida. Todos giramos la cabeza en esa dirección y la estirada está caminando hacia el borde de donde se baja Max.
Ella se acerca y se quita el suéter que trae puesto, se sube y después de unos momentos de vacilación se deja caer. Me quedo completamente sorprendida, al pasar unos segundos sin escuchar gritos ni quejidos me siento mejor, como fuera ella está a salvo, por lo tanto yo también puedo estarlo. Camino al frente y me subo al borde del edificio, hay un gran agujero negro en el fondo y no puedo ver más allá. Las probabilidades de que quieran matarnos a todos los iniciados son casi nulas, así que sea lo que sea, es seguro… Claro, dentro de los parámetros de Osadía.
—Es para hoy —dice Max apresurándome.
—Sí, claro —susurro. Suspiro por una última vez y cierro los ojos. Pienso en esa cara que se me hace ya tan familiar. Deseo con mucha fuerza poder verlo pronto. Espero que se alegre de verme por fin. Y poder comenzar de nuevo algo más serio, ahora que podremos estar juntos para siempre. Esos pensamientos me infunden valor y hacen que salte hacia un destino incierto.

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