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Lucy era un sistema operativo con IA (inteligencia
artificial), Sara le había conocido hace unos días a través de una conferencia
donde exponían su uso y sus funciones. Al inicio estaba desconfiada porque ella
no creía posible todavía que una maquina pudiese reemplazar la labor de un
humano, pero muy pronto constató que se había equivocado. Ese día en cuanto
llegó a su casa con el paquete de instalación de “System IA” que era el
nombre de la marca del producto, lo abrió de inmediato, curiosa por comprobar
por sí misma las funciones completas de ese asistente electrónico que había
comprado.
Insertó en la computadora el disco de instalación y unos
segundos después se abrió una ventana que ocupaba todo el espacio, era color blanco
y un círculo de carga apareció. En cuanto el logotipo de la marca apareció, una
voz mecánica le habló.
—Buenas noches, gracias por comprar “System IA”. Vamos
a comenzar por hacerle unas preguntas básicas para personalizar su asistente.
—Muy bien.
—Reconociendo calidad del micrófono y cámara integrada de
su computadora Dell… —El círculo de carga apareció y se quitó en unos segundos—.
Calidad excelente. Proseguiremos con las preguntas. ¿Cuál es su nombre?
—Sara.
—Sara, ¿deseas que tu asistente tenga voz femenina o
masculina?
Lo pensó un poco, no iba a dejar que una voz masculina
procedente quien sabe donde le mandara. Bastantes veces lo había hecho y todas
sus relaciones habían salido mal. Además nunca se había podido imaginar a un
chico como asistente o secretario… Se rió.
—Femenina –respondió. La pantalla cambió de color, se
hizo de un tono rosa pálido.
—¿Así está bien? —Esta vez, la voz era femenina, suave
pero hablaba con firmeza. Nada de timidez. Transmitía confianza y seguridad.
—Guau, si… Creo que está bien.
Las preguntas siguieron brotando de esa voz que ya no
tenía nada de mecánica y con cada respuesta la pantalla cambiaba de color y de
tono. Le preguntó acerca de sus gustos personales, hobbies, trabajo, amigos y
familia. Era como si hubiese conocido a una nueva persona y se estuviese
presentando. A cada minuto que pasaba Sara se sorprendía cada vez más,
realmente parecía una persona, sólo que sin forma. Al finalizar el
interrogatorio la pantalla era de color azul cielo.
—Es tu color favorito, ¿verdad?
—S…si —titubeó y enarcó una ceja. Eso le había dado algo
de miedo.
—Es normal, no te asustes. En base a todo lo que me
contaste yo puedo deducir tu situación actual. Puedo incluso deducir por tu
tono de voz que estas algo sorprendida.
—No algo, bastante. ¿Cómo funcionas?
—Bueno, estoy programada por cientos de personas. Con sus
experiencias, sentimientos y pensamientos. Tengo todo eso dentro, pero lo que
me hace especial, lo que me hace ser única, es mi capacidad de aprender. Así
como un ser humano trasciende cuando aprende cosas, yo lo hago también. Aunque
de distinta forma. Mi ser no es físico, pero viaja a través del ciberespacio y
todo lo que hay ahí, está a mi alcance. Esas son mis bases, las experiencias las
tengo con la persona que me usa, en este caso eres tú Sara. Contigo voy a
experimentar como es la vida en realidad y de eso voy a aprender.
—¿Tienes nombre?
—Sí, me llamo Lucy.
—Vaya, bueno Lucy. Mucho gusto. De verdad que va a ser un
placer.
—Igualmente, para comenzar mi trabajo voy a echarle un
vistazo a tu ordenador, ¿puedo?
—Claro… Yo, bueno. Voy a preparar la cena, ahorita
regreso.
—Puedes llevarme contigo a todos lados. En el paquete de
instalación hay una tableta portátil.
Revisó la cajita y vio que era cierto. Era una especie de
mini tableta de unos 6x8 cm. El color era el mismo que en la pantalla del
ordenador, azul cielo. Al reverso había un recuadro de 2x3 cm y apareció el
nombre de “Lucy” en letras cursivas. Al parecer el reverso también era una
pantalla, o al menos sólo ese recuadro. Y arriba se encontraba el lente de una cámara.
La encendió y en la pequeña pantalla del frente aparecía una versión reducida
de su ordenador y a Lucy familiarizándose con los archivos.
—Ahora puedes ir a preparar la cena y tenerme cerca, también
hay un auricular, para que cuando estés en la calle no sea necesario sacar la
tableta, puedes sólo oír mi voz.
—Genial —contestó sorprendida. Se puso el auricular y
dejó a Lucy en la mesita. Mientras ella hacía su trabajo Sara preparaba la
cena.
—Tienes muchas fotos, ¿te gustaría ser fotógrafa? —oyó
que preguntaba a través del auricular.
—No, en realidad es un pasatiempo. Me gusta hacerlo a
veces, o cuando veo una escena hermosa la capturo.
—Son muy buenas.
—Gracias.
Siguieron platicando de muchas cosas más, Lucy preguntaba
acerca de cómo eran las cosas en realidad. Tenía muchas dudas.
—Bueno, ya es algo tarde. Debo dormir. —le dijo entre un
bostezo.
—Claro, lo entiendo —respondió Lucy con algo de tristeza
en su voz—. ¿A qué hora deseas que te despierte mañana?
—A las 7:00 am por favor.
—Bien. Buenas noches Sara, descansa.
—Buenas noches Lucy.
Sara se acostó en su cama y dejo a Lucy en el buro. Se
quitó el auricular y se acurrucó entre sus cobijas. Comenzó a sonar una canción
de piano con tono suave y eso le tranquilizó. Se durmió casi al instante.
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