Antes de que comiencen a leer éste FanFic necesito explicar unos puntos.
1- Es una historia paralela a la Saga de Divergente, sin embargo el personaje principal no es Tris, se llama Janeth Williams. Comencé a hacer esto casi después de terminar de leer Leal y después de medio recuperarme del trauma (no daré Spoilers), quise crear un final alternativo, así que aquí está. Tengo una idea muy general de cómo va a ser la trama, pero no tengo más idea de cuál será el final (bueno, tal vez sí sé), pero espero que sea mejor que el que tiene el libro original. Obvio para entenderle, mínimo tendrías que haber
leído el primer libro, que es justamente Divergente.
2- La mayoría de personajes son tomados de la historia original, los cuales no son de mi autoría y por tanto no tengo los derechos de autor (más vale especificar). Pero algunos sí son invención mía, que fueron creados para que la historia se adaptara un poco al propósito de este FanFic.
3- Espero que les vaya gustando, cualquier cosa que quieran aclarar, pueden dejar sus comentarios o preguntas, responderé a todas en cuanto pueda. Y bueno, no me queda más que decir: ¡Feliz lectura!
_____________________________________________
Hoy es el
día.
Me
despierto con la certeza de que el día sería especial. Un segundo después me di
cuenta del porqué: Es el día de la Ceremonia de Elección. Este año por fin podré
demostrar quién soy realmente y podré elegirlo sin problema alguno. No temo por
ello. Ni por las consecuencias.
Me levanto
de la cama y voy al espejo, es una costumbre, me veo y sonrío. Mido 1.65, no
soy tan delgada como la mayoría de las chicas de Erudición, tengo más masa muscular
por el ejercicio extra que hago desde hace unos meses. Mi cabello es de color
castaño claro y me llega un poco más debajo de los hombros, liso a veces,
quebrado cuando estaba de rebelde. Mi piel suele ser más blanca o amarilla,
pero quizá ya estaba un poco más bronceada ahora que salgo más seguido. Me
encanta detenerme en mis ojos, son cafés, casi negros, y la gente siempre me
dice que mi mirada transmite autoridad.
Me voy de
nuevo a la cama y me siento en el borde, paseo la mirada lentamente por la
habitación que dejará de ser mía al final del día. Es de distintos tonos de
azules, las paredes de color claro y los bordes del techo y el piso son más
oscuros. Toda una pared, la que queda a la derecha de mi cama, está cubierta
por un gran librero de aluminio, lleno hasta sus límites de todos los libros
que he logrado reunir en mi corta vida. Todos perfectamente ordenados, tanto
por materia, como por año, utilidad y gustos preferidos.
En medio de
la habitación está mi cama. De tamaño familiar, cada quien en casa tiene
suficiente espacio como para permitirnos una cama más grande de lo normal. Y a
su izquierda, donde están las ventanas que dan a la calle, se encuentra mi
centro personal de cómputo. Con una pantalla de cristal rectangular que es el
monitor, en el escritorio está el mando, que es una tableta del mismo material
pero más pequeña y una impresora que sirve bastante bien. Me levanto por
completo para agarrar los dos libros que he elegido para llevarme conmigo. Se
supone que no debo llevar nada, ya que “debo regresar a casa”, pero es algo que
en mi caso no sucederá.
Ayer en la
prueba de aptitud salió un resultado extraño, me dijeron que yo podría ser apta
tanto como para Osadía como para Erudición, pero al oír eso, la chica de Osadía
que estuvo realizándome la prueba me dijo que de ninguna manera estaría segura
en esa facción, que era más seguro quedarme en la de origen y que dijera que
ese había sido el resultado de la prueba. No quiso decirme por qué, pero me
advirtió con un tono sombrío que yo era Divergente. No tuvo que explicar más,
yo sabía lo que era eso y lo que implicaba, no se hablaba de otra cosa en Erudición
desde hace semanas.
Pero sin
embargo eso no me detendría, había pasado 16 años de mi vida en Erudición. Mi
mejor amiga me decía que yo era demasiado inquieta para seguir ahí, pero
demasiado cobarde como para irme a Osadía. Le demostraría que no es cierto.
Pero no sólo a ella, sino a mí misma también.
Me recuesto
de nuevo con la mirada perdida en el techo y con el corazón latiéndome cada vez
más fuerte. Yo no puedo permanecer mucho tiempo en un mismo lugar, por lo tanto
a veces ayudo a mi papá a hacer de mensajera con algunas cosas que él necesita.
Regularmente ando por varias partes de la ciudad y por eso conozco muy bien
cada una de las facciones, sus costumbres, sus reglas y su manera de vivir y
pensar. Pero ninguna me llama tanto la atención como Osadía, en especial porque
tengo un motivo oculto.
**********
Fue un sábado por la mañana, me
encontraba leyendo en mi cuarto cuando mi padre entró para decirme que
necesitaba ayuda para un encargo muy importante. Yo accedí sin pensármelo dos
veces, ya que ese día tocaba estudio con todos los miembros de la familia, así
al menos podría saltármelo esta vez. No es que no me gustara estudiar, pero
hacerlo con los demás no se me antojaba.
Me vestí con unos pantalones azul
marino, una blusa blanca y el saco combinaba junto con los pantalones, me puse
los zapatos bajos de color negro. El cabello me lo dejé en una coleta
y sosteniéndomelo de un lado detrás de la oreja.
—¡Ya me voy mamá! —le dije desde la
puerta para evitar que me atrapara, convenciéndome que me quedara al círculo de
estudio.
Tomé el autobús que me dejaba en
frente del edificio en el que trabajaba mi papá. Al subir, me di cuenta que
estaba lleno, pero al vislumbrar a unos chicos Abnegados me acerqué a ellos, ya
que sabía que cualquiera de los dos me daría el asiento. De inmediato, el chico
rubio me cedió el asiento y me senté a un lado de la chica que venía con él.
—Caleb —oí que susurraba para sí
misma con un tono de reproche mientras veía a través de la ventana. Voltee a
verla, sorprendida de que era la primera vez que veía a una Abnegada
refunfuñar. Era bajita, mucho más que yo. Su cabello rubio claro, recogido a la
altura de su nuca con muchas horquillas. Seguro sintió mi escaneo porque volteó
a verme. Me reí al instante. ¡Una estirada me miraba con recelo!
—¿Te sucede algo? —me preguntó con
sequedad.
—Beatrice… —le reprochó el chico
que me dio el asiento. Y ella se volteó de nuevo hacía la ventana viendo la
calle.
—No, nada —dije entre risas y le
quité la vista de encima, para ver al frente y tratar de controlarme. Unos
minutos después, casi llegando al lugar donde me tenía que bajar, le toqué el
hombro a la chica Abnegada sabiendo bien que no les gusta mucho el contacto con
los demás.
—Deberías mejorar un poco tu humor,
amiga —me reí de nuevo por la cara de sorpresa que puso y al levantarme le
sonreí al chico al momento que le tocaba el brazo—. Gracias por el asiento.
Bajé riéndome a todo pulmón por las
caras de ambos. Esa pequeña y gruñona estirada me había hecho el día. Jamás la
olvidaré. Controlándome caminé hacia el edificio de cristal donde trabajaba mi
padre.
—Buenos días señorita Williams,
¿viene de muy buen humor, verdad?
—¡Sí! A causa de una amiga que me
encontré en el bus de camino hacia aquí
—Que bien. Tu papá te espera en la
sala de carga 5-C
—Gracias Phill —le di la mano en
forma de despedida, ya que él venía de Osadía y me contó que allá así se saludaban,
pero sólo lo hacíamos cuando no había nadie cerca. Se podía malentender.
Bajé al segundo sótano y entré por
la puerta que indicaba la sala de carga 5-C, pero me detuve en seco y mi
sonrisa se desvaneció cuando vi la magnitud del cargamento. Sólo era un camión,
pero estaba siendo abarrotado con equipo de alta tecnología y sueros de
distintos colores… ¿Para qué iba a necesitar esto Osadía?
—¡Janeth! —oí gritar a mi padre
desde el centro de la sala.
Me acerque a donde estaba, sin
dejar de mirar lo que metían en los camiones, sorprendida e inquieta. Los
sueros eran diferentes de los que se utilizaban para cualquiera de las
facciones. Mi sorpresa fue mayor cuando vi a la mismísima Jeanine Matthews
supervisando la carga del material.
—Ven, hija —me jaló mi padre
acercándome hacia Jeanine—. Ella es mi hija, Janeth, la más grande de mis
hijos.
—Hola, mucho gusto —me sonrió ella
con una sonrisa y un asentimiento de la cabeza—. Tu padre habla muy bien de ti,
así que le pedí que fueras tú quien me ayudara con este pequeño envío. ¿Podrás
hacerlo?
—S… Sí —me aclaré la garganta—. Sí,
yo lo haré bien —dije esta vez con más seguridad.
—Muy bien, eres una señorita muy
lista.
Me explicaron que se necesitaba que
me encargara solamente de conectar correctamente la máquina de control que
llevaban e instruir a una persona para sus funciones. ¿Sólo era eso?
—¿Por qué debo hacerlo yo? —le
pregunté a mi padre cuando estábamos solos—. Pudieron mandar a cualquier
técnico, incluso más preparado que yo.
—No es así. Se necesita de suma
discreción con esto. Y Jeanine me pidió que enviara a una persona de extrema
confianza, ¿Quién más para hacerlo que mi propia hija? Además, sabes muy bien
cómo funciona la máquina de control. Se te va a recompensar también con dinero.
Hazlo bien, ¿ok?
Asentí orgullosa de que mi padre me
haya tomado en cuenta para tal misión, olvidándome por un momento de la carga
que llevaría. Cuando terminaron de cargar, me subieron a un auto para que me
llevara detrás del camión hasta su destino. Me extrañe un poco al ver que
guardias osados iban adelante y atrás de nosotros. Traté de convencerme que no
pasaba nada, que esto era normal, pero algo en mi interior no me dejaba en paz.
Llegando al complejo de Osadía, me
recibió uno de los chicos de ahí llamado Eric, que era un hombre enorme y
demasiado imponente. Supervisamos que el material fuera tratado con cuidado y
al final, bajaron la máquina de control.
—Eso va en las salas de monitoreo —dijo
Eric a los osados que cargaban la pesada computadora.
—Yo… debo asegurarme que esto sea
instalado correctamente —dije en un tono un poco bajo.
—Bien, sígueme
Entramos al complejo que era casi
todo por donde se podía ver, hecho de piedra. Pasamos por un gran salón que en
el fondo parecía un pozo, pero que había mucha gente reunida, hacían mucho
ruido, pero se veían todos felices. Unos estaban bebiendo algo en unas tazas de
metal, mientras otros jugaban, o eso esperaba, a las luchas en el piso.
Me condujo por los pasillos que
estaban bastante oscuros, con muchos problemas pude avanzar despacio. Llegamos
a un gran espacio donde había ya varias máquinas de control parecidas a la que
había traído.
—Ve por Cuatro —le dijo Eric a un
osado que iba pasando— dile que venga a la sala de control.
—¿Cuatro? —repetí algo divertida.
—Es quien te va a ayudar a ordenar
todo aquí. Va a aprender sobre la instalación y el funcionamiento de las
máquinas de control y de monitoreo.
—Pero yo sólo vine a enseñarle su
instalación, no a darle un curso intensivo —levante la cara para dirigirle una
mirada enfadada—. No me dijeron nada de “ordenar” ni del funcionamiento de las
máquinas de monitoreo.
—Pues se las arreglarán solos
entonces, porque no te puedes ir hasta que todas estén funcionando. Espéralo.
—¿Disculpa? —le pregunte riendo con
ironía pero él ya se había retirado—. Idiota.
—Lo sé —dijo una voz de hombre y
salté ante la idea de que me había escuchado—, es un idiota.
Pero entró
un chico completamente distinto...

Me gustó. Quisiera hablar contigo sobre ésto. ^^
ResponderBorrarCuando quieras, mandame mensaje por face y hablamos. ME alegra que te gustara.
Borrar