sábado, 28 de noviembre de 2015

Adiós


—¿Estás saliendo oficialmente? —le preguntó sin poder ocultar su tristeza.

—Claro que no. Las cosas están bien, pero aún tengo mucho que pensar. —ella acomodaba sus cuadernos en su mochila distraídamente.

—Estás pensando demasiado las cosas, ¿no crees? Respóndeme esto: ¿Eres feliz cuando estas junto a él? —insistió su amigo.

—Hummmm... —ella volteó a verlo y le miro fijamente. ¿Por qué insistía tanto en el tema?— Si. Lo soy.

—Si eres feliz entonces, ¿no es eso suficiente? —le contestó él con una sonrisa sincera.

—Supongo que tienes razón. —ella dejó caer todo lo que tenía en las manos y echó a correr detrás del amor de su vida.

Mientras que su amigo sonriendo de manera un poco amarga, bajó la cabeza para levantar las cosas que ella había tirado. Las metió en su mochila y la cerró, luego hizo lo mismo con sus propias cosas y cargó ambas mochilas. Caminó tratando de mantener la cabeza baja para no ver una posible escena que le rompería el corazón. Cuando llegó a un lado de su amiga le extendió la mochila y mostró una sonrisa falsa, esa que había ensayado tantas noches seguidas mientras lloraba frente al espejo.

—Debo irme antes, tengo cosas que hacer.

—Gracias —ella tomó su mochila y se inclinó para besarle la mejilla— mañana te veo.

Él asintió y bajó la mirada justo en el momento en que ella tomaba de la mano a otro chico y se alejaban juntos. Él se dio la vuelta y llevó su mano a la mejilla que le habían besado.

—Supongo que es lo más que podré recibir de ti de ahora en adelante. —suspiró y dejo caer lentamente la mano. Caminó y caminó sin rumbo hasta que la lluvia lo alcanzó. Se dejó caer bajo un gran árbol en medio de un parque y fue hasta entonces cuando dio rienda suelta a sus sentimientos. Dejó que todas sus emociones fluyeran y cada una, poco a poco, brotaron de sus ojos con una promesa de olvido en cada gota.

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