jueves, 16 de marzo de 2017

"Nunca estuviste solo" Capítulo 5. ¿Alianza?

Antes de que lean este capítulo quiero pedir una disculpa por los meses que tardé en actualizar, llegó un momento en el que creí que ya no valía la pena seguir con esta historia sin embargo alguien me pidió que siguiera, que quería saber más acerca de Janeth así que lo hice. Espero ser más constante en esta ocasión. Segunda cuestión, en mi regreso al fanfic hice algunos cambios en la historia que ya estaba publicada, son cambios insignificantes que no te afectan si es que ya no quieres volver a leer. Como resumen, su nombre en Osadía cambió a "Jane" y es el dato más relevante de los cambios que hice. Ahora sí, disfruta.

No se mueve ni emite ni un solo ruido y lo único que se llega a escuchar unos segundos después fueron los aplausos de Eric.
  —¡Bien hecho! Esto realmente fue una lucha entretenida —se burla—. Quien sea, llévesela a la enfermería, no creo que ella pueda recobrarse de ésta como los demás —dice, señalando a los que están recobrándose a duras penas de las peleas pasadas—. No tiene esa fortaleza. 
Christina, amiga de Tris se acerca furiosa con la intención de ayudarle, sin embargo Eric se interpone en su camino y le mira con desdén.  
  —Tú eres la siguiente y el tratar de huir no te va a librar de la pelea. Que se la lleve alguien más, o sólo déjala en un rincón esperando que despierte.  
  Le miro sin poder darle crédito a sus palabras, sabía que él era cruel, pero realmente es mucho peor que eso. Sin esperar ninguna palabra me acerco a Tris que está inconsciente y aún con la rabia en mi interior, la levanto. Aunque me cuesta un poco de trabajo  hacerlo, ya que también estoy adolorida, camino con decisión hacia la salida ignorando los comentarios de los demás.  
Como puedo abro la puerta y veo que Cuatro está a unos pasos, recargado en la pared como él solía hacerlo cuando se quedaba mirándome mientras trabajaba en las computadoras. Bufo y sigo caminando hacia la enfermería, en silencio me sigue sin embargo siento como sus ojos me perforan la nuca, no entiendo porque tanto enfado. Dejamos a Tris en una cama libre y salgo, él se queda unos segundos adentro mientras yo me dirijo nuevamente a la sala de entrenamiento.  
  Siento como unas manos pesadas me aferran el hombro y me obligan a voltearme.  
  —¿Por qué lo hiciste? —pregunta hecho una furia.  
—¿Disculpa? —le miro ofendida—. ¿En serio estás preguntándome por qué me defendí? ¿O tu verdadera pregunta es por qué no soy yo la que está ahí? —señalo la puerta donde está Tris.
  —Tú sabías pelear cuerpo a cuerpo, era obvio que ella no.
  —¿Y sólo por eso debía dejarme golpear por ella? ¿Estás diciéndome que los Osados debemos tenerles consideración a nuestros adversarios y dejarnos vencer sólo porque no saben defenderse?
  Le doy la espalda sin esperar respuesta con la intención de volver, pero Cuatro se mueve rápido. Me toma de los hombros y me empuja contra la pared, me inmoviliza con un brazo poniéndolo contra mi pecho y con su mano libre golpea la pared muy cerca de mi rostro, provocándome miedo.
  —Sabes cómo noquear a una persona fácilmente... —Habla muy bajo cerca de mi oído, aunque suena como a un gruñido contenido.
  —Eric quería un espectáculo. Además, si yo hacía eso, él se hubiera sorprendido que una trasladada supiera luchar de esa forma. ¿Querías que me expusiera también? ¿Y con ello, el secreto de lo que hacíamos todas las veces que venía a Osadía antes de mi traslado?
  Cuatro gruñe sin contenerse y vuelve a golpear la pared con su mano antes de alejarse unos pasos. Sin moverme un centímetro le miro confundida.
  —¿Por qué te pones así por una estirada? —Pregunto cautelosa.
  —No es sólo por ella. —Se sincera—. Eric tiene un plan de entrenamiento este año que me molesta, y no por la rudeza del plan, sino por el trasfondo que podría tener.
  —Se están adelantando... —susurro para ambos. Él asiente y nos miramos por unos segundos sin decir nada, como si estuviéramos teniendo la conversación en nuestras mentes.
  —Hablemos de esto en otro momento fuera de aquí.
  Se aleja en dirección contraria a la sala de entrenamiento y yo vuelvo algo distraída. Cuando entro, Cristina está en el piso inconsciente y Peter habla mientras se burla. Eric comenta que han sido todas las peleas por hoy y que mañana haremos una excursión a la valla. Salimos de ahí, los que aún podemos caminar, para dirigirnos a tomar la cena. Terminando, declino la oferta de Uriah para beber en el Pozo y me dirijo a dormir temprano, aún estoy demasiado adolorida y cansada. Pareciera que el agotamiento de los últimos días toma factura en mí porque me quedo dormida casi al instante en que apagan las luces del complejo.
**********
  Estábamos en una habitación muy fría, era pequeña y oscura ya que estaba casi al fondo de la estructura del complejo de Osadía, en una zona casi abandonada, era donde nos ocultábamos para entrenar. También podíamos hablar tranquilamente sin que fuésemos intervenidos, ya que a las pocas semanas de que termináramos de instalar todo el CCTV del complejo, nos dimos cuenta que no tendríamos pretextos para seguirnos viendo, pero se dio a la tarea de buscar un lugar donde pudiéramos seguir nuestro trato; él me entrenaba en combate físico y yo le asesoraba en cuestiones más... intelectuales.
  Cuatro estaba de espaldas contra el suelo, yo estaba de pie a un lado de él riendo.
  —¡Lo logré! —le miré desde arriba y lo señalé—. Al fin logré vencerte.
  Él intentó girar su cuerpo en el suelo, barriendo sus pies cerca de los míos con la intención de hacerme perder el equilibro, sin embargo fui más rápida y salté justo en el momento adecuado para evitar caer. Sonreí al estirar la mano para ayudar a levantarlo y de un movimiento, dejó caer su peso hacia atrás haciendo por fin que perdiera el equilibro, lo cual aprovechó para situarse detrás de mí y hacerme caer en una media vuelta de espaldas al suelo.
  —Jamás cantes victoria antes de tiempo —comentó con la respiración entrecortada por el entrenamiento que habíamos tenido—. El enemigo siempre puede volver a ponerse de pie.
  —No si lo elimino definitivamente —contesté entre quejidos, sobándome la cadera mientras me levantaba—. Lección aprendida
  Sin decir mucho más, nos tomamos un tiempo para regularizar nuestras respiraciones y beber agua. Minutos después, antes de salir de la habitación, Cuatro me detuvo de un brazo y me giró hacia él.
  —Promete que lo que has aprendido en estas semanas sobre combate jamás lo usarás contra los débiles. Es defensa personal y no debes abusar de ello, ¿entendiste?
  —Claro —sonreí con burla—. Lo tendré en cuenta cuando sea más fuerte que tú. No te haré daño, tranquilo.
  Él hizo una mueca al sonreír. Puso su brazo encima de mis hombros en un medio abrazo y salimos con cautela al pasillo oscuro que nos llevaría a las vías, para que yo pudiera regresar a Erudición.
**********
Al día siguiente nos llevan a la valla, tenemos que estar a las ocho y cuarto en las vías. Cuando despierto Tris está de nuevo en su cama, seguramente regresó cuando era de noche; se ve realmente fatal, uno de sus ojos está completamente morado y algo hinchado. Me siento algo culpable así que no le presto atención en casi todo el día.
La visita transcurre sin muchas novedades, nos explican los trabajos que podríamos realizar si logramos pasar las pruebas de la iniciación y Cuatro nos da una visita guiada por toda la valla. Casi al final de la tarde, justo antes de volver cuando todos esperamos el tren; mientras hablaba con Lynn sobre lo que más nos convendría hacer después de la iniciación, veo a Cuatro platicando con Tris, sin quitarles la mirada de encima observo cómo le toca el ojo morado con delicadeza y aunque ella aleja la cara él no deja de mirarla. Regresamos al complejo en la tarde justo a la hora de comer, pero termino mucho antes que todos y me levanto.
Doy vueltas por el complejo sin prestarle mucha atención por donde camino, llego al borde del abismo y me siento pegada a la pared mirando hacia la nada. Después de unos minutos de silencio una voz firme rompe el hilo de mis pensamientos.
—¿Qué haces aquí sola?
Me levanto asustada creyendo que se trataba de alguien más, me sacudo la ropa y cuando enfoco mi mirada en la oscuridad pero sólo es Eric que está mirándome con los brazos cruzados.
—Yo... —carraspeo—. Yo sólo quería estar sola y pensar.
—Ahora eres una Osada, no debes pensar. Sólo actuar.
—¿Disculpa? No sé a qué te refieres, pero sólo es un decir. El hecho de que esté aquí en Osadía no significa que deje de pensar.
Trato de caminar de vuelta al bullicio que se oye a lo lejos del Pozo, pero me corta el paso poniendo su ancho brazo en lo angosto del túnel.
—Sé lo que tramas. Te he observado desde que llegaste, por alguna razón sentía que te había visto en algún lugar y no podía recordarlo, hasta que te vi salir de la sala de control detrás de Cuatro. Fue entonces cuando te recordé, Janeth.
Me tenso al oír mi verdadero nombre y aprieto los puños. Alzo la vista y le miro con desprecio.
—¿Qué es lo que quieres?
—Quiero ayudarte. Sé que eres una chica lista y no me vendría nada mal un aliado. He visto como Cuatro mira a Tris y sé que eso no te agrada. Sé que estas enfadada con él por dejar de lado su... ¿Amistad? Lo que sea, ella lo está acaparando y es algo que te cabrea, ¿no es así? —Sonríe con malicia, le sigo mirando sin responder, pero tampoco es como si esperase una respuesta—. No es nada para mí y sí tú me ayudas en una pequeña cuestión, puedo deshacerme de ella para que tu relación con Cuatro no tenga obstáculos y siga como antes. ¿Qué te parece?
Estira su mano hacia mí como sí necesitara reafirmar un trato que se hizo de palabra, sin embargo no me muevo.
—Yo no necesito de tu ayuda, porque no sé de qué relación hablas. Cuatro y yo nunca tuvimos nada más allá de los cursos que yo venía a darle. Y hasta ahora es que le vuelvo a ver desde hace meses que se terminaron las instalaciones de su centro de control. Si me disculpas, me iré a dormir.
Esquivo su brazo pasando por debajo y comienzo a caminar, se oyen pasos tranquilos detrás de mí y yo deseo poder salir cuanto antes de ese túnel, casi al final, él me adelanta deteniéndome de nuevo de un brazo.
—Si cambias de parecer, búscame. Ella puede causarte muchos problemas si la dejas que haga lo que desea. Recuerda bien esto Janeth: Toma lo que es tuyo y elimina lo que amenace tu felicidad, si no, ellos te van a eliminar a ti.
       Sin dejarme contestar nada más, sale del túnel y se incorpora al ruido del Pozo. Me detengo en la cornisa y los busco, ella está riendo junto con sus amigos mientras come, Cuatro está a un lado y medio sonríe al verla. Desvío la mirada confundida y comienzo a  caminar rumbo hacia las regaderas, siento como con cada paso mi decisión se reafirma más y más.

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