martes, 2 de febrero de 2016

"Nunca estuviste solo" Capítulo 4. Enfrentamientos


Lo primero que aprendemos al día siguiente es como usar un arma, sin embargo es algo que yo ya sabía. Aún así en el entrenamiento trato de no destacar tanto para no levantar dudas del porque una Erudita sabe como tomar y disparar un arma, pero es imposible, la mayoría son un asco, sobre todo Tris. Al verla tratando de acomodar su postura para tirar, no puedo evitar reír en silencio. Después de varios intentos fallidos se rinde bajando el arma y observa con detenimiento el blanco, por mero impulso camino hacia ella y me pongo a su lado, alzo mi arma.
  —Te enseñaré como se hace —le susurro.
  Ella voltea a verme con el seño fruncido y sonrío de lado, entonces respiro profundo y exhalo despacio, me coloco el arma en las manos y hago tres disparos seguidos, los tres atinan al centro, haciendo un gran hoyo en el blanco de ella. Cuando termino, veo que no sólo ella está viéndome, sino todos los demás también.
  —Muchas gracias por la demostración, pero aún te falta mucho que aprender, así que sigue practicando y no le quites el tiempo a tus compañeros o podrán tener excusas del porque no aprenden nada —dice una voz fría detrás de mí, Eric.
  —Lo siento —respondo mientras le dirijo una mirada enfadada caminando de nuevo a mi lugar de entrenamiento.
  Cuando esa clase termina es hora del almuerzo, tomo algo de comer y me vuelvo  a sentar en la mesa de Uriah y sus amigos, para mi sorpresa resulta que Zeke el hermano de Uriah, es muy amigo de Cuatro quien se sienta normalmente con ellos, lo cual no despierta muchas sospechas del porque nos hablamos.
  Después del almuerzo, Cuatro nos lleva a una sala que yo conocía muy bien, es donde me enseñó a pelear por primera vez.
  —Como les dije esta mañana —dice mientras camina entre nosotros—, lo próximo que aprenderán es a pelear cuerpo a cuerpo. Vamos a ir sobre la técnica hoy y más tarde lucharán unos contra otros. —Desvío la mirada sonriendo hacía Cuatro, pero él no luce nada bien.
  —Haremos de inmediato las parejas —interviene Eric, que entra en ese momento a la sala. Las quejas surgen en cuanto menciona que tanto hombres como mujeres pelearan juntos, sin distinción de sexo. Como es típico de él, son ignoradas deliberadamente. Sin embargo, una sorpresiva alegría me inunda cuando menciona los últimos nombres—. Jane contra Tris. Tienen un par de horas para su acondicionamiento físico y entrenamiento teórico, después procederemos con las luchas.
  Durante esas horas sólo me dedico a calentar y a golpear un poco un costal de arena, todo lo demás ya lo sé gracias a Cuatro...
**********
  Hoy también debía acudir a Osadía para continuar con los encargos constantes que Jeanine me hacía. Desde que conocí a Cuatro ya no ponía objeciones ni me hacía preguntas, con gusto aceptaba los encargos. Iba una vez por semana y cada que acudía era un poco más cercana a él. Aunque su actitud siempre fue distante y fría él estaba dispuesto a aprender muchas cosas que yo sabía, un rasgo que me pareció muy raro de un Osado.
  El encargo de hoy consistía en algo muy sencillo, así que nos llevó menos tiempo del debido y el transporte que iba por mi tardaría unas horas en llegar.
  Está listo dije volteándolo a ver—. ¿Y ahora qué?
  No sé. Respondió.
  Se hizo el silencio, pero con él los silencios no eran incómodos. Pasaron unos minutos mientras sólo veíamos las pantallas. Desde que habíamos terminado de instalar todas las cámaras por casi todos los rincones del complejo, parecía que era su actividad favorita, el quedarse viendo las grabaciones hora tras hora. Después de quién sabe cuántos minutos habló con voz firme.
  Ven, sígueme. Vamos a un lugar. Se levantó y salió de la sala.
  Está bien. dije en cuanto salió, siguiéndole tan rápido como podía.
  Desde que lo conocí, él tenía la costumbre de caminar hacia adelante sin esperar una respuesta. Al principio eso me molestaba mucho, creía que era por arrogancia, pero después que lo fui analizando con el paso del tiempo, supe que lo hacía para poder protegerse de un posible rechazo. Escondía mucha inseguridad detrás de esa fachada de rudeza.
  Me llevó hasta una de las salas que ellos utilizaban para entrenar. Se detuvo en el centro y me miro sonriendo con esa odiosa sonrisa suya.
  Ven cerebrito, ahora seré yo quien te enseñe lo que sé hacer mejor.
  Mi nombre es Janeth dije al momento en que me acercaba a él con un poco de inseguridad—. ¿Me vas a enseñar a pelear?
  —Sí, a menos que tengas miedo de aprender algo nuevo Jane —me contestó en tono de burla, lo cual me enfureció—. Janeth suena muy formal para el lugar en el que estás ahora, ¿No crees?
—No me llames así, tengo un nombre —caminé hacia él con furia y le empuje de los hombros.
  Sus palabras hacia mí, o hacia cualquier persona en general, siempre eran muy duras. Era realmente inteligente y observador, así que cuando hablaba sabía dónde y cómo darte justo en el orgullo. Pasamos toda esa tarde entrenando, él me enseñó cómo mantener una posición  de defensa y como adivinar el primer golpe del atacante mediante sus pasos. También me enseñó algunos golpes básicos.
  Se concentraba del todo y asumía su papel como entrenador. No sé si fue bueno o malo, pero en ningún momento me dejó ganar, golpeaba en verdad fuerte, pero eso en vez de molestarme me motivaba a golpearle fuerte también. Horas después nos tumbamos al piso, respirando agitadamente.
  Me sorprende que una cerebrito como tú tenga tanta fuerza y resistencia soltó apenas recuperó el aliento.
  Me sorprende que un bruto como tú sea tan inteligente le respondí mientras volteaba a verle.
  Soltó una risotada y yo reí junto con él. Nuestras miradas se cruzaron y establecieron una extraña conexión de la cual no pudimos escapar. Sin pestañear, sin hablar, respirando lentamente nuestras almas transferían información esencial a través de esa fina conexión que nos unía. Éramos tan diferentes pero tan iguales a la vez. Con miedos similares.
  No volvimos a hablar hasta largo rato después, y recordamos que seguramente el coche había llegado hace rato, pero por mi parte yo no quería volver... nunca más.
**********
  Muevo mi cabeza de un lado a otro tratando de salir de ese recuerdo, me enfoco poco a poco en a la habitación y es cuando veo que Cuatro está a un lado de la estirada poniendo las manos en su estomago y retirándolas de inmediato, mientras la instruye, no le quita la vista de encima y se acerca mucho a ella, lo cual me hace golpear con más fuerza el costal de entrenamiento. Minutos después Eric habla fuerte y claro:
  —Todos vayan alrededor del ring, comenzaremos con las peleas.
  Me siento lista y preparada para lo que viene, por lo que llego a ver, a excepción de los nacidos en Osadía, ninguno sabe muy bien que hacer; bueno, ellos y Peter. Ese muchacho desprende un aura de crueldad, no sólo de esa que tienen los de Verdad, sino una crueldad nata, de esas que hacen que las personas disfruten con el dolor ajeno. Me da un poco de pena por Cristina, ya que a ella le ha tocado la peor parte al tener que luchar contra él.
  —Bien, comencemos ya. Este año nadie cede. Se termina cuando uno de los dos no pueda continuar ―dice Eric—. Comiencen ustedes —señala a un par de nacidos en Osadía.
  Cuatro aprieta las mandíbulas, seguramente para no decir alguna estupidez. ¿A qué se refiere con quien no pudiera continuar? No puedo imaginar la respuesta a eso, pero en cuanto comienza la primera pelea, esos chicos me muestran hacia a donde iba todo aquello. Es brutal. Ambos tienen mucha fuerza y obviamente llevan años más que nosotros siendo entrenados para esto, pero aún así, después de varios minutos de una ruda pelea ninguno cede. Pasa un largo rato antes de que alguno de ellos muestra un poco de cansancio, cosa que el otro aprovecha para golpear con su puño en la nariz de su adversario. La sangre sale a borbotones, el chico golpeado tropieza con sus propios pies y pierde el equilibrio; al caer inconsciente en la lona, provoca un sonido seco.
  Se hacen los murmullos de asombro, pero ninguno se atreve a dar un sólo paso para ayudarle. Eric se acerca con una sonrisa de satisfacción y palmea la espalda de quien, estupefacto, ve el cuerpo de su contrincante en el piso.
  —Bien hecho, llévatelo a uno de los rincones de allá —señala un lugar con colchonetas de lucha.
  —Claro... —dice el chico casi en un susurro. Lo levanta con cuidado colgándoselo en los hombros para poder sacarlo de ahí.
  Así continúan otras tres luchas antes de que por fin sea mi turno. Cuando Eric nos llama para subir, lo hago con confianza poniéndome en el centro y espero que Tris suba. Lo hace con seguridad y lentamente llega para ponerse enfrente de mí, busco con la mirada a Cuatro pero la expresión que tiene me hace voltear a verlo por completo; su mirada es de preocupación y de alguna forma sé que no es por mí, porque él sabe que yo puedo superar fácilmente esta prueba sin problemas, entonces, ¿su preocupación es por Tris?
  La furia me nubla la mente y en cuanto Eric da la señal para comenzar, la tiro al piso con una patada que da directo en su estomago. Ella suelta el aire de golpe y con dificultades se levanta de nuevo, regularizando su respiración. Adopta una posición de defensa y comienza a acercarse a mí tratando de golpearme sin conseguirlo, sin embargo en esta ocasión tampoco puedo acercarme a ella para golpearla debido a que ahora se mueve con más agilidad. Cuatro comienza a alejarse del ring sin llamar la atención de nadie, sabe quién va a ganar.
  —No tengo que ver esto —le oigo susurrar a Eric, que lo detiene de un brazo—. Tengo otras cosas de las cuales encargarme y parece que tu lo tienes bajo control, puedes hacerlo sin mí.
  Esos segundos en que volteo a verlos, se convierten en un grave error, que es bien aprovechado por Tris. Me golpea en la mandíbula tan fuerte, que me provoca un grito sofocado, haciendo que todos en la sala pongan de nuevo sus miradas hacia nosotras incluidos Eric y Cuatro. Doy unos pasos hacia atrás para poder aclarar mis ojos que se me llenan de lágrimas por el golpe, pestañeo rápido y justo a tiempo para poder agacharme y esquivar un nuevo ataque. En el momento en que me agacho, pongo mis manos en el piso tomando impulso para patearle las piernas y hacer que Tris pierda el equilibrio, sin dudarlo me levanto y golpeo con fuerza su estomago haciendo que pierda todo el aire, la segunda patada impacta en sus brazos, ya que se intenta proteger justo antes de que le diera en la cara, se descubre y trata de arrastrarse fuera del ring rápidamente mientras le escurre sangre de la nariz.
Me acerco a sus piernas y la arrastro de vuelta y comienzo a patearle por todas partes, ella grita y gime pidiendo que me detenga, sin embargo la furia me está controlando. Cuatro entra en mi campo de visión, alza un poco las manos como pidiéndome que pare y así lo hago. Tris estaba hecha un ovillo, se aferraba sus piernas temblando del dolor.
Me retiro y miro a Eric esperando que me diga que pare, pero no lo hace, mientras recibo la mirada fulminante que me dirige Cuatro.
  —¿Qué esperas? ¡Acaba con esto ya! —grita Eric furioso.
  —No necesito ver esto —repite Cuatro a nadie en particular y se da la vuelta, dándome la espalda mientras se dirige a la salida.
  Gruñendo enfurecida volteo la mirada hacia Tris que me ve aterrada, sin pensarlo dos veces le atino una patada en su cabeza que le saca que un gemido lastimero antes de dejarla quieta en el suelo.

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