Lo primero
que aprendemos al día siguiente es como usar un arma, sin embargo es algo que
yo ya sabía. Aún así en el entrenamiento trato de no destacar tanto para no
levantar dudas del porque una Erudita sabe como tomar y disparar un arma, pero
es imposible, la mayoría son un asco, sobre todo Tris. Al verla tratando de
acomodar su postura para tirar, no puedo evitar reír en silencio. Después de
varios intentos fallidos se rinde bajando el arma y observa con detenimiento el
blanco, por mero impulso camino hacia ella y me pongo a su lado, alzo mi arma.
—Te enseñaré como se hace —le susurro.
Ella voltea a verme con el seño fruncido y
sonrío de lado, entonces respiro profundo y exhalo despacio, me coloco el arma
en las manos y hago tres disparos seguidos, los tres atinan al centro, haciendo
un gran hoyo en el blanco de ella. Cuando termino, veo que no sólo ella está
viéndome, sino todos los demás también.
—Muchas gracias por la demostración, pero aún
te falta mucho que aprender, así que sigue practicando y no le quites el tiempo
a tus compañeros o podrán tener excusas del porque no aprenden nada —dice una
voz fría detrás de mí, Eric.
—Lo siento —respondo mientras le dirijo una
mirada enfadada caminando de nuevo a mi lugar de entrenamiento.
Cuando esa clase termina es hora del almuerzo,
tomo algo de comer y me vuelvo a sentar
en la mesa de Uriah y sus amigos, para mi sorpresa resulta que Zeke el hermano
de Uriah, es muy amigo de Cuatro quien se sienta normalmente con ellos, lo cual
no despierta muchas sospechas del porque nos hablamos.
Después del almuerzo, Cuatro nos lleva a una sala
que yo conocía muy bien, es donde me enseñó a pelear por primera vez.
—Como les dije esta mañana —dice mientras
camina entre nosotros—, lo próximo que aprenderán es a pelear cuerpo a cuerpo.
Vamos a ir sobre la técnica hoy y más tarde lucharán unos contra otros. —Desvío
la mirada sonriendo hacía Cuatro, pero él no luce nada bien.
—Haremos de inmediato las parejas —interviene Eric,
que entra en ese momento a la sala. Las quejas surgen en cuanto menciona que tanto
hombres como mujeres pelearan juntos, sin distinción de sexo. Como es típico de
él, son ignoradas deliberadamente. Sin embargo, una sorpresiva alegría me
inunda cuando menciona los últimos nombres—. Jane contra Tris. Tienen un par de
horas para su acondicionamiento físico y entrenamiento teórico, después
procederemos con las luchas.
Durante esas horas sólo me dedico a calentar y
a golpear un poco un costal de arena, todo lo demás ya lo sé gracias a Cuatro...
**********
Hoy
también debía acudir a Osadía para continuar con los encargos constantes que Jeanine
me hacía. Desde que conocí a Cuatro ya no ponía objeciones ni me hacía
preguntas, con gusto aceptaba los encargos. Iba una vez por semana y cada que
acudía era un poco más cercana a él. Aunque su actitud siempre fue distante y
fría él estaba dispuesto a aprender muchas cosas que yo sabía, un rasgo que me
pareció muy raro de un Osado.
El encargo de
hoy consistía en algo muy sencillo, así que nos llevó menos tiempo del debido y
el transporte que iba por mi tardaría unas horas en llegar.
—Está listo —dije volteándolo
a ver—. ¿Y ahora qué?
—No sé. —Respondió.
Se hizo el
silencio, pero con él los silencios no eran incómodos. Pasaron unos minutos
mientras sólo veíamos las pantallas. Desde que habíamos terminado de instalar
todas las cámaras por casi todos los rincones del complejo, parecía que era su
actividad favorita, el quedarse viendo las grabaciones hora tras hora. Después
de quién sabe cuántos minutos habló con voz firme.
—Ven, sígueme. Vamos a un lugar. —Se levantó y salió de la sala.
—Está bien. —dije en cuanto
salió, siguiéndole tan rápido como podía.
Desde que lo
conocí, él tenía la costumbre de caminar hacia adelante sin esperar una
respuesta. Al principio eso me molestaba mucho, creía que era por arrogancia, pero
después que lo fui analizando con el paso del tiempo, supe que lo hacía para
poder protegerse de un posible rechazo. Escondía mucha inseguridad detrás de
esa fachada de rudeza.
Me llevó hasta
una de las salas que ellos utilizaban para entrenar. Se detuvo en el centro y
me miro sonriendo con esa odiosa sonrisa suya.
—Ven cerebrito, ahora seré yo quien te enseñe lo que sé hacer mejor.
—Mi nombre es Janeth —dije al
momento en que me acercaba a él con un poco de inseguridad—. ¿Me vas a enseñar a pelear?
—Sí, a
menos que tengas miedo de aprender algo nuevo Jane —me contestó en tono de
burla, lo cual me enfureció—. Janeth suena muy formal para el lugar en el que
estás ahora, ¿No crees?
—No me
llames así, tengo un nombre —caminé hacia él con furia y le empuje de los
hombros.
Sus palabras
hacia mí, o hacia cualquier persona en general, siempre eran muy duras. Era
realmente inteligente y observador, así que cuando hablaba sabía dónde y cómo
darte justo en el orgullo. Pasamos toda esa tarde entrenando, él me enseñó cómo
mantener una posición de defensa y como
adivinar el primer golpe del atacante mediante sus pasos. También me enseñó
algunos golpes básicos.
Se concentraba
del todo y asumía su papel como entrenador. No sé si fue bueno o malo, pero en
ningún momento me dejó ganar, golpeaba en verdad fuerte, pero eso en vez de
molestarme me motivaba a golpearle fuerte también. Horas después nos tumbamos
al piso, respirando agitadamente.
—Me sorprende que una cerebrito como tú tenga tanta fuerza y resistencia
—soltó apenas recuperó el aliento.
—Me sorprende que un bruto como tú sea tan inteligente —le respondí mientras volteaba a verle.
Soltó una
risotada y yo reí junto con él. Nuestras miradas se cruzaron y establecieron
una extraña conexión de la cual no pudimos escapar. Sin pestañear, sin hablar,
respirando lentamente nuestras almas transferían información esencial a través
de esa fina conexión que nos unía. Éramos tan diferentes pero tan iguales a la
vez. Con miedos similares.
No volvimos a
hablar hasta largo rato después, y recordamos que seguramente el coche había
llegado hace rato, pero por mi parte yo no quería volver... nunca más.
**********
Muevo mi cabeza de un lado a otro tratando de
salir de ese recuerdo, me enfoco poco a poco en a la habitación y es cuando veo
que Cuatro está a un lado de la estirada poniendo las manos en su estomago y
retirándolas de inmediato, mientras la instruye, no le quita la vista de encima
y se acerca mucho a ella, lo cual me hace golpear con más fuerza el costal de entrenamiento.
Minutos después Eric habla fuerte y claro:
—Todos vayan alrededor del ring, comenzaremos
con las peleas.
Me siento lista y preparada para lo que viene,
por lo que llego a ver, a excepción de los nacidos en Osadía, ninguno sabe muy
bien que hacer; bueno, ellos y Peter. Ese muchacho desprende un aura de crueldad,
no sólo de esa que tienen los de Verdad, sino una crueldad nata, de esas que
hacen que las personas disfruten con el dolor ajeno. Me da un poco de pena por
Cristina, ya que a ella le ha tocado la peor parte al tener que luchar contra
él.
—Bien, comencemos ya. Este año nadie cede. Se
termina cuando uno de los dos no pueda continuar ―dice Eric—. Comiencen ustedes
—señala a un par de nacidos en Osadía.
Cuatro aprieta las mandíbulas, seguramente
para no decir alguna estupidez. ¿A qué se refiere con quien no pudiera
continuar? No puedo imaginar la respuesta a eso, pero en cuanto comienza la
primera pelea, esos chicos me muestran hacia a donde iba todo aquello. Es
brutal. Ambos tienen mucha fuerza y obviamente llevan años más que nosotros
siendo entrenados para esto, pero aún así, después de varios minutos de una
ruda pelea ninguno cede. Pasa un largo rato antes de que alguno de ellos
muestra un poco de cansancio, cosa que el otro aprovecha para golpear con su
puño en la nariz de su adversario. La sangre sale a borbotones, el chico
golpeado tropieza con sus propios pies y pierde el equilibrio; al caer
inconsciente en la lona, provoca un sonido seco.
Se hacen los murmullos de asombro, pero
ninguno se atreve a dar un sólo paso para ayudarle. Eric se acerca con una sonrisa
de satisfacción y palmea la espalda de quien, estupefacto, ve el cuerpo de su
contrincante en el piso.
—Bien hecho, llévatelo a uno de los rincones
de allá —señala un lugar con colchonetas de lucha.
—Claro... —dice el chico casi en un susurro.
Lo levanta con cuidado colgándoselo en los hombros para poder sacarlo de ahí.
Así continúan otras tres luchas antes de que
por fin sea mi turno. Cuando Eric nos llama para subir, lo hago con confianza
poniéndome en el centro y espero que Tris suba. Lo hace con seguridad y
lentamente llega para ponerse enfrente de mí, busco con la mirada a Cuatro pero
la expresión que tiene me hace voltear a verlo por completo; su mirada es de
preocupación y de alguna forma sé que no es por mí, porque él sabe que yo puedo
superar fácilmente esta prueba sin problemas, entonces, ¿su preocupación es por
Tris?
La furia me nubla la mente y en cuanto Eric da
la señal para comenzar, la tiro al piso con una patada que da directo en su
estomago. Ella suelta el aire de golpe y con dificultades se levanta de nuevo, regularizando
su respiración. Adopta una posición de defensa y comienza a acercarse a mí
tratando de golpearme sin conseguirlo, sin embargo en esta ocasión tampoco puedo
acercarme a ella para golpearla debido a que ahora se mueve con más agilidad.
Cuatro comienza a alejarse del ring sin llamar la atención de nadie, sabe quién
va a ganar.
—No tengo que ver esto —le oigo susurrar a
Eric, que lo detiene de un brazo—. Tengo otras cosas de las cuales encargarme y
parece que tu lo tienes bajo control, puedes hacerlo sin mí.
Esos segundos en que volteo a verlos, se
convierten en un grave error, que es bien aprovechado por Tris. Me golpea en la
mandíbula tan fuerte, que me provoca un grito sofocado, haciendo que todos en
la sala pongan de nuevo sus miradas hacia nosotras incluidos Eric y Cuatro. Doy
unos pasos hacia atrás para poder aclarar mis ojos que se me llenan de lágrimas
por el golpe, pestañeo rápido y justo a tiempo para poder agacharme y esquivar
un nuevo ataque. En el momento en que me agacho, pongo mis manos en el piso tomando
impulso para patearle las piernas y hacer que Tris pierda el equilibrio, sin
dudarlo me levanto y golpeo con fuerza su estomago haciendo que pierda todo el
aire, la segunda patada impacta en sus brazos, ya que se intenta proteger justo
antes de que le diera en la cara, se descubre y trata de arrastrarse fuera del
ring rápidamente mientras le escurre sangre de la nariz.
Me acerco a
sus piernas y la arrastro de vuelta y comienzo a patearle por todas partes,
ella grita y gime pidiendo que me detenga, sin embargo la furia me está
controlando. Cuatro entra en mi campo de visión, alza un poco las manos como pidiéndome
que pare y así lo hago. Tris estaba hecha un ovillo, se aferraba sus piernas
temblando del dolor.
Me retiro y
miro a Eric esperando que me diga que pare, pero no lo hace, mientras recibo la
mirada fulminante que me dirige Cuatro.
—¿Qué esperas? ¡Acaba con esto ya! —grita Eric
furioso.
—No necesito ver esto —repite Cuatro a nadie
en particular y se da la vuelta, dándome la espalda mientras se dirige a la
salida.
Gruñendo enfurecida volteo la mirada hacia
Tris que me ve aterrada, sin pensarlo dos veces le atino una patada en su
cabeza que le saca que un gemido lastimero antes de dejarla quieta en el suelo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario